Binta y nuestra idea de África

La mismísima Binta

Este domingo una obra de Guillermo Fesser competirá por el Óscar al mejor cortometraje de ficción. Se titula Binta y la gran idea y es, a nuestro parecer, una auténtica joya. No desvelaremos el corazón de la película (la gran idea), pero sí que fue producida por UNICEF dentro de una campaña para concienciar sobre la importancia de educar a las niñas. Quizá por la seriedad del tema, el autor rebaja la hilaridad a la que nos tiene acostumbrados, aunque el humor -aquí más marcadamente poético- se siente casi en cada fotograma.

Más allá de recomendaros este corto, queríamos compartir un tema al que últimamente le estamos dando bastantes vueltas y que esta película refleja con acierto. Se trata de la extraña visión que tenemos en “el primer mundo” sobre África. Tampoco es tan sorprendente si pensamos en las informaciones y noticias que los grandes medios nos ofrecen. África es ese continente lleno de niños esqueléticos, madres moribundas (por el SIDA) y animales salvajes que se aparean y alimentan de las formas más increíbles. La gran idea que transmite este cortometraje tiene, sin embargo, poco que ver con todo eso: está iluminada por niños sonrientes, por escenarios de color (Binta dice que le encantan los colores de su país, especialmente “el color carne”) y por una complejidad, en definitiva, muy lejana a lo que normalmente se nos enseña.

No es la primera vez que se intenta mostrar esa otra África, la que vive más allá de los telediarios, a través de una película. A nosotros nos gustó también (no tanto por sus valores cinematográficos como por la naturalidad con que enseña esa realidad) ABC África de Abbas Kiarostami. En esa ocasión las familias no eran senegalesas, como la de Binta, sino de Uganda (concretamente de Kampala), pero su alegría y vitalidad eran muy parecidas.

Ha dado la casualidad de que esta semana ha caído en nuestras manos un reportaje de la revista alemana Neon que trataba un tema similar bajo el título Im falschen Land (“En el país equivocado”). El autor, Marc Deckert, ha entrevistado a diferentes personas que habían sido traídas desde sus países por medio de adopciones cuando eran casi recién nacidas, algo que ahora -señalaba el mismo artículo- está de moda entre las clases altas (citaba a Madonna, Brad Pitt y Gerhard Schröder) y entre las no tan altas (hay un buen ejemplo en la película de Kiarostami). Sus conclusiones eran interesantes: todos los entrevistados tenían problemas de identidad graves y la duda sobre si la adopción había sido la mejor de las opciones parece más que razonable. De hecho, asociaciones que antes optaban por esta solución ahora han decidido renunciar a ella después de ver los resultados e intentan ayudar a los niños mejor en sus lugares de origen. Porque allí probablemente tengan menos posibilidades económicas y de formación (en el sentido que nosotros la entendemos), pero eso no lo es todo en la vida, ¿no?

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