Arte y activismo en Israel: Una entrevista con Ronen Eidelman

El artista israelí Ronen Eidelman comparte con nosotros sus ideas sobre cómo se puede luchar contra la discriminación social utilizando el arte, sobre el papel actual de los artistas, las complejas relaciones entre el artivismo y los temas sociopolíticos que se tratan en él, su último proyecto de fundación de un estado judío en Alemania… y muchos otros temas que estoy seguro de que te van a interesar. Conocí a Ronen el verano pasado en una exposición palestina-israelí en el Essl Museum de Viena, donde algunos de esos temas fueron tratados tanto a través de obras de arte como de conferencias. Yo no pude evitar pensar que lo que el público asistente (casi todos artistas de Israel) tenían que decir era más interesante que lo que los ponentes proponían de la manera más políticamente correcta posible. Uno de los artistas en el público era Ronen y creo que mis impresiones no iban por mal camino…

(Interview with Ronen Eidelman in English.)

Paul M.: Creo que podemos empezar con tu último proyecto: Héroes de la supervivencia (Heroes of survival) para el Van Abbemuseum en Holanda. Placas de bronce que resaltan héroes que normalmente no son considerados como tales por nuestras sociedades…

Ronen Eidelman instalando su Heroes of survival

Ronen Eidelman: El proyecto fue parte de la exposición Siendo/Llegando a ser holandés (Be(com)ing Dutch Exhibition). Quise darle voz a las historias de los excluidos de la sociedad holandesa. Esas placas se utilizan para contar las historias de los héroes, de gente valiente que realizaron actos extraordinarios y que deben servir de ejemplo a nuestra sociedad. En mi opinión, muchxs de quienes no han llegado a formar parte de la sociedad holandesa son grandes héroes por el simple hecho de sobrevivir. Yo resalto sus medios de supervivencia, los medios de esa gente que por diferentes razones han sido excluidos de la sociedad. El proyecto los retrata como héroes, gente que resiste en un sistema injusto, sujetos políticos que luchan por su dignidad, por sus derechos y por su libertad.

La gente emigra por muchos motivos, pero todos comparten el deseo básico de una vida mejor, una vida para ellxs, para sus familias y para la gente que aman y que tienen que dejar en sus países de origen. Cuando los inmigrantes llegan a Holanda se encuentran con muchos obstáculos para lograr esos objetivos. Algunos son problemas objetivos como la falta de capacidades lingüísticas, de educación, formación profesional y falta de una red social eficaz. Sin embargo, en muchos casoso los obstáculos son sólo un conjunto de reglas creadas por el gobierno y por la sociedad para impedir que los inmigrantes compartan su riqueza. Aún así, en vez de resignarse como víctimas del racismo y del sistema capitalista, que los restringe a esas reglas, los inmigrantes hacen cualquier cosa con tal de sobrevivir. Esas “formas de supervivencia” pueden llegar a ser ilegales y dentro de lo que la sociedad holandesa considera degradado y moralmente incorrecto. Los inmigrantes tienen un papel importante en el mercado negro, el pirateo, las drogas, los robos, la prostitución y demás actividades oscuras.

P. M.: Yo tengo la impresión de que ese afán por resaltar partes de nuestra sociedad que suelen permanecer ocultas es uno de los temas principales de tus obras. . Desaparición (in)documentada ((Un)documented disappearance), Manshia y este Héroes de la supervivencia son buenos ejemplos. Por este motivo, algunos de tus proyectos podrían ser juzgados por alguna gente como actos irreverentes y provocativos… ¿Te has encontrado con problemas por ello o sueles encontrar una buena aceptación?

R. E.: Yo no estoy de acuerdo con eso. Creo que mis proyectos son respetuosos tanto con sus temas como con el público y los espacios en los que tienen lugar. Nunca he tenido problemas porque siempre intento trabajar con la comunidad del lugar donde actúo. Y la comunidad incluye también a los representativos de la ciudad a los que hay que dirigirse de una forma que entiendan. Por supuesto, también he realizado proyectos “piratas”, pero entonces no utilizo mi nombre…

P. M.: Ahora me has dejado intrigado con esa última afirmación…

R. E.: Bueno, no puedo decir mucho, pero desde el principio y por muchos años he participado en grupos de acción directa contra el muro de separación con Palestina. Hemos hecho muchas acciones creativas tanto en el propio muro como en Tell-Aviv contra el muro.

El secretario de Medinat Weimar R. Eidelman junto al responsable de relaciones públicas alemán S. Schmidt durante un mitín

P.M.: Tu blog se titula Medinat Weimar, que es el nombre de un proyecto en el que llevas bastante tiempo trabajando y que este año ha visto finalmente la luz: (un movimiento para la creación de) un estado judío en alemania. A mí me suena como si se tratara de una gran caricatura de la situación real.

R. E.: Con Medinat Weimar yo me tomo completamente en serio lo que digo y, a la vez, no quiero decir exactamente lo que parece. Esa es la gran libertad de crear un movimiento político como proyecto artístico. Las cuestiones y los problemas que el proyecto trata (antisemitismo, zionismo, el estado-nación hoy en día, etc.) son muy serios y necesitan ser discutidos, pero necesitamos encontrar nuevas formas de acercanos a ellos.

P.M.: Me gusta mucho una cita de tu artículo “Israeli Art and the state of exception” en la que dices: “El arte es el espacio más radical, un lugar donde las leyes quedan suspendidas”. Es precisamente ese el motivo de que pueda ser utilizado para mostrar los problemas desde una perspectiva diferente? De verdad piensas que las leyes quedan en suspenso en el arte contemporáneo?

R.M.: Escribí algo sobre esto en la página de Medinat Weimar:

Los actos políticos se toleran mejor si se llevan a cabo bajo la autonomía del arte. El arte es muy desorientador para las autoridades y, por ese motivo, se le suele dejar tranquilo. Si estás en la calle y decides, por ejemplo, quemar una papelera y esperar a ver qué pasa, la policía llegará y te preguntará qué estás haciendo. Si tú contestas: “Somos artistas, hacemos arte y esto es una metáfora de bla bla bla…”, entonces la policía te dirá probablemente que deberías haber pedido permiso antes de hacerlo. Y ahí comienza una negociación que normalmente termina bien, quizá pagando una pequeña multa, pero en ningún caso con violencia o conflicto. Ahora, si haces exactamente lo mismo, la policía te pregunta y respondes: “Nos estamos manifestando contra bla bla bla…”, lo más probable es que seas arrestado allí mismo y la situación podría derivar incluso en violencia. Esto muestra que el arte tiene cierta autonomía y un lugar en la estructura de las democracias liberales. Es un acuerdo implícito de que los artistas son necesarios, de que necesitamos esa gente loca, pero eso implica que tienes que permanecer en esa autonomía especial, en las galerías y los museos de arte, dentro de los ámbitos de discusión establecidos y de las publicaciones especializadas.

Los artistas pueden hacer todo lo que quieran y ser tan radicales como crean conveniente, hablando de la revolución post-marxista o de lo que sea. Incluso les subvencionamos porque son una cosa buena y así los tenemos más localizados. Sin embargo, en el momento en que los artistas quisieran salir de su gueto y dijeran: “No somo felices en nuestro gueto, queremos salir fuera y tocar la sociedad…”, entonces las autoridades dirían: “Podéis hacerlo a nuestra manera y nosotros os damos permiso para ir a los barrios de los inmigrantes, donde podéis hacer un bonito proyecto e incluso os ayudaremos a salir en un programa de televisión donde se diga ‘Mira, ahí hay un arte público bonito. Mira esos estudiantes tan majos que hay por todas partes…'”. Y entonces tienes que hacerlo como ellos te dicen. Pero si alguien dice: “No, lo queremos hacer a nuestra manera, queremos tocar realmente la sociedad, queremos que el arte toque la vida y no queremos ser algo separado del resto”, entonces se convierte en un acto político y hay represalias.

O sea que tenemos que jugar a este juego. Conseguir trabajar fuera de ese marco, pero permaneciendo a salvo. Conseguir hacer cosas, no quedarte bloqueadx. Mantén esa identidad profesional de “artista” para estar a salvo, pero sin creértela tú mismx.

La obra de Ronen Eidelman Magav frente al Teatro Nacional Alemán
La obra de Ronen Eidelman Magav frente al Teatro Nacional Alemán

P.M.: Esto me ha traído a la memoria algo diferente que tiene que ver con otra cita tuya donde dices: “El arte israelí, al igual que la industria pacifista israelí, ha convertido la protesta en una profesión”. Recuerdo que hablamos un poco sobre esto en Viena. El arte activista parece ser un buen camino para ganar popularidad. En mi opinión personal, la mayoría del arte activista tiene algún punto de conexión con el marketing: el artista quiere mandar un mensaje, quizá incluso convencer al público de una idea… Si quieres ayudar, necesitas conseguir que tus obras sean conocidas… Y, en este mundo, si tu obra es conocida, se puede vender mucho más fácilmente. Por otro lado, si la/el artista no recibe dinero por sus obras activistas, tendrá que dedicar su tiempo a otra cosa. Me parece complicado salirse del juego.

R. E.: Yo creo que es cuestión de ser sincero. Primero contigo mismx y con tu comunidad. No creo que se pueda hacer arte activista siendo sólo un individuo: hay que conectar con la gente y ser parte de algo más grande. Entonces los demás te darán una patada en el culo si te saltas las reglas. En mi caso, no realizo obras que permanezcan. No son objetos, sino documentaciones de las acciones y algunas marcas que quedan en el lugar. No obstante, siempre que es posible, agradezco que se me pague por mi tiempo, pero eso casi nunca ocurre.

P.M.: En la revista Ma’arav se publicó un artículo muy interesante sobre saltarse las reglas con motivo del famoso Santa’s Ghetto de Banksy. En este mundo donde Internet manda en lo que a la información se refiere, parece complicado establecer cuál es la audiencia a la que se pretende llegar con una exposición así. No estoy seguro de si cuando alguien realiza algo en Jerusalem para su público americano y europeo, el arte solidario no puede verse incluso como una nueva forma de colonialismo.

R. E.: No necesariamente. De nuevo, se trata de respetar a los autóctonos. Zibbi, un artista del graffiti italiano, pintó algunos muros en Ramallah hace un par de años. Se quedó aquí varias semanas, aprendió árabe básico, salió por ahí con los artistas locales y decidieron juntos qué pintar. Todavía hoy puedes ver sus trabajos en el centro de Ramallah: la gente los cuida. En el lado opuesto, muchos de los trabajos de Banksy fueron destruidos. Yo creo que puede estar bien ser crítico con los locales, eso es también un trabajo importante, pero se puede hacer desde el respeto y conectando con el lugar.

P. M.: Permíteme sacar otro tema candente ahora mismo: la confusión común entre arte urbano y arte de galerías. Tú escribiste una vez que el arte callejero debe estar en la calle, nunca en las galerías. No quiero meterme contigo…, pero nosotros nos conocimos en un museo donde exhibías una obra muy propia del arte urbano…

R. E.: Yo estaba mostrando una documentación de un proyecto artístico, pero no intentaba realizar arte urbano directamente en el museo. Sin embargo, incluso siendo así, me sentí bastante incómodo y no creo que saliera muy bien la cosa. Mi única experiencia en un museo no hace sino confirmarme que es muy difícil el salto. En cualquier caso, me encantaría encontrar una solución más apropiada para documentar mis proyectos. A veces funciona… Mientras tanto, tengo que apañármelas con mi blog y mi flickr.

P. M.: También eres el director y editor de la revista cultural online sobre arte israelí Ma’arav. Yo sólo conozco la versión en inglés, pero me parece muy interesante ese propósito de “influenciar, educar y ampliar horizontes”. ¿De dónde surgió la idea de hacer una revista así?

R. E.: Galit Eilat, del laboratorio digital de Holon, y Michael Kisos-Gedalyovich, un comisario de arte, consiguieron algo de dinero y me preguntaron si quería crear una revista online. Conocían las revistas que yo había hecho en el pasado. Entonces construimos juntos un concepto, conseguimos algunos diseñadores maravillosos y nos pusimos a ello. Tenemos financiación pública y eso nos da cierta independencia con respecto al mercado editorial.

Teníamos la impresión de que la discusión sobre arte y cultura era muy limitada. Nuestro objetivo era llegar a gente que no perteneciera al mundo artístico para ampliar el espacio de discusión. No hicimos ningún estudio demográfico, pero respetamos a nuestrxs lectorxs y lxs vemos como gente con quienes compartimos un diálogo. La verdad es que son mayoritariamente artistas, intelectuales, estudiantes, teóricos… Básicamente cualquiera con interés en el arte y la cultura. Somos una revista de Israel sobre arte, no una revista de arte israelí. Nuestra perspectiva es de aquí, esa es nuestra voz, pero participamos en una discusión global. Muchos de los textos publicados no son realmente sobre arte, sino sobre fundamentalismo, terror, el mesias y la redención, la violencia, la cultura judía, la propiedad intelectual, las relaciones Oriente-Occidente, la política en Oriente Próximo…

Manuel Alcántara-Plá
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