Los buenos tiempos para la lírica de Santiago Calatrava

Imagen de la estación PATH del World Trade Center de Nueva York por Santiago Calatrava

Antes de ayer por la noche tuve la suerte de poder ver en acción a Santiago Calatrava, uno de los arquitectos de más prestigio internacional. La experiencia me dio para un par de reflexiones que me gustaría compartir aquí por si a alguien le sirven para las suyas propias.

La primera está relacionada con el hecho de que alguien como Calatrava, un artista, sea capaz de llenar la sala de fiestas del ayuntamiento de Viena. No sabría decir el número exacto de interesados que nos acercamos, pero a mí me tocó el número 1028 de ropero (y esta vez no fui el último). Si conoces la sala, te harás una idea sabiendo que estaba completamente llena. Además, el público era bastante heterodoxo a pesar de la inevitable comitiva política. Parece que una conferencia sobre arquitectura contemporánea puede ser un gancho masivo si se organiza -y publicita- adecuadamente. También es cierto que la importancia que se le da a los acontecimientos culturales en Viena no es comparable con a la que nos tienen acostumbrados en otros sitios. Lo dicho: si se hace con auténticas ganas y convicción, la cosa funciona.

La segunda reflexión la lanzo sobre un tema completamente diferente. Los paralelismos entre la presentación de su obra por alguien como Calatrava y una presentación del departamento comercial de una empresa son más que evidentes. Es más, estoy casi seguro de que la presentación de ayer había pasado por el tamiz del departamento comercial de Calatrava (de la empresa, no de la persona). Lógico si tenemos en cuenta que parte del público eran clientes potenciales aunque la charla fuera sólo artística en teoría. Que conste que digo que había similitudes, no que fueran idénticas. Por poner un ejemplo diferenciador, el artista comenzó a explicar -por cierto, siempre en alemán- sus fuentes de inspiración (la anatomía humana, el movimiento…) con lapicero en ristre y realizando bocetos con gran habilidad. Una forma preciosa de introducirnos a todos en sus ideas y en su trabajo.

Por último, Calatrava demostró ayer que se puede ser artista en el siglo veintiuno sin ningún tipo de compromiso social. Sus explicaciones fueron siempre las de un esteta al que el contexto de sus obras le da completamente igual mientras no afee el resultado de lo que él construye. Y eso que algunas de las obras, como la que está llevando a cabo justo en el corazón del World Trade Center (en la imagen de arriba), parecían casi implorar las referencias a los planos sociales y políticos. El discurso de Calatrava no incluye personas ni emociones, sólo incluye belleza e ingeniería. Lo que quizá esté relacionado con la anterior reflexión por la búsqueda de intercambiar figuras por cheques bancarios y no por compromisos políticos. O quizá sea simplemente la forma que tiene este artista de entender la creación. Toda una pena -y una responsabilidad– si tenemos en cuenta su tirón mediático.

Manuel Alcántara-Plá
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4 Comments

  1. Me sorprende que el componente poético de la charla no fuera suficiente. Al menos a mí me resultaría extraño exigir “compromiso social” a una representación de la filarmónica de Viena el día de Año Nuevo…

    A mi entender la arquitectura o la ingeniería son disciplinas que parecen llevar implícito el “compromiso” de su función (utilitaria, representativa…). Y creo extraordinariamente difícil intentar “implantar” en el ejercicio de esas disciplinas algo ajeno a las mismas. Hasta tal punto esto es así, que por ejemplo, es imposible distinguir una presa ejecutada en tiempos de una dictadura de otra ejecutada durante una democracia. Ni siquiera la arquitectura, que parece más sensible en este aspecto, deja de seguir su curso con independencia de sus circunstancias inmediatas. Baste recordar que el edificio de los Nuevos Ministerios del paseo de la Castellana, en Madrid, han sido muchas veces identificados con el régimen de Franco, ignorándose que el mismo fue concebido en tiempos del socialista Largo Caballero…

    Un saludo.

  2. en cuanto a la filarmónica de viena, me remito a la entrada que escribí sobre la orquesta filarmónica de berlín. creo que es siempre legítimo pedirle responsabilidades a quien tienen repercusión mediática así como entender su inacción como una decisión consciente (y, por lo tanto, como un tipo de acción). el pragmatismo puede justificar una obra hasta cierto punto, pero eso no anula su valor simbólico.

    en cuanto a los Nuevos Ministerios de Madrid, orgullo del franquismo, debo recordar que, aunque es cierto que el plan original es anterior, el resultado final es bastante posterior a la guerra civil española (no recuerdo bien, pero alrededor de 1941-42).

    un saludo,

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