LOS OTROS PIRATAS CULTURALES

Piratas en la Red

Parece que estamos en un momento crucial dentro de la lucha por cómo se debe gestionar la cultura en términos económicos. La polémica ha surgido aquí, en la Red, pero el poder de Internet es tal en la actualidad que todo problema que surja de ella afecta directamente a los demás ámbitos. Como pirata cultural con cierta solera, me gustaría defenderme al menos aquí, en mi barco, de algunas cosas que se están diciendo y escribiendo. Para intentar ser lo más objetivo posible, lo voy a hacer a modo de respuesta al artículo Los otros piratas de Julio Llamazares por ser una persona a quien respeto como escritor y a quien considero con la suficiente inteligencia como para merecer ser leído con las neuronas abiertas.

Te recomiendo la lectura de ese artículo. Yo resumo aquí la cuestión: Si el artista vive de la cultura como el pescador de su pesca, ¿por qué al segundo se lo defiende contra los piratas mientras que al primero se lo censura si no se alegra de ser robado? Julio Llamazares va más allá: Si se paga por otras cosas de necesidad básica, como son los alimentos, ¿por qué la cultura debe ser gratis?

Creo que la respuesta a la segunda pregunta es la que nos daría la solución definitiva al problema (personalmente pienso que es una aberración pensar que se le pueda privar a alguien de alimentos sólo por no tener con qué pagarlos), pero es demasiado ambiciosa para una reflexión en Malos tiempos. En cuanto a la cultura, me sorprende la alegría con la que quienes atacan a los piratas culturales, es decir, a quienes distribuimos la cultura sin pararnos en consideraciones económicas, obvian la existencia de un grupo cada vez más numeroso de creadores que optan por la “piratería” como opción personal. De hecho, obvian también que nosotros, quienes difundimos obras ajenas, lo hacemos con nuestro trabajo, un esfuerzo que la mayoría de las veces no contemplamos ver remunerado económicamente.

Los artistas tienen derecho a que se valore su trabajo. Por cierto que con “artistas” excluyo al 90% de las caras bonitas que se hacen llamar así en las protestas anti-piratería. Quienes dedican sus vidas a la creación merecen poder vivir dignamente porque todo el mundo lo merece y porque su trabajo nos enriquece a todos. La cuestión es si eso se debe conseguir a través de un modelo que supone una barrera directa entre su obra y la sociedad porque entonces ya no nos enriquecen a todos, sino sólo a unos pocos. En mi manera de ver el mundo (de natural naïve), no concibo un artista que prefiera ganar dinero a que su obra sea conocida por el mayor número de gente. La remuneración a través de las obras nos ha llevado a una situación escandalosa incluso con autores ya fallecidos, valgan de ejemplo los grotescos culebrones provocados por sus avariciosos herederos.

Creo que es de recibo que cada cual defienda la dignidad de lo que hace. También que algunos quieran traducir esa dignidad en dólares. Lo que no me parece tan obvio es que sólo haya una manera de hacerlo. Creo que esos creadores que secuestran sus obras por dinero sólo tienen un nombre: Piratas culturales. Quizá por eso Llamazares nos llame a nosotros “los otros”.

Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.

De la novela La rebelión de Atlas (1957) de Ayn Rand

(En obvia relación con el Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet).

Manuel Alcántara-Plá
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2 Comments

  1. El problema como siempre es el que no quiere afrontar nadie, mientras haya un sistema de derechos de propiedad intelectual que permitan a algunos vivir sin trabajar los va a convertir en poderosos y con ese poder intentarán defender su status con uñas y dientes. Son los únicos que pueden cobrar 3 y hasta cuatro veces por una sólo transacción. Al que vende los alimentos le paga alguien dos veces por la misma lechuga o por el mismo queso, pues eso.
    Un sistema de propiedad intelectual coherente que obligue a los “artistas” a trabajar y produzca cantidades razonables de dinero y acceso universal a la cultura es posible, pero a los que viven en la Moraleja no les mola.
    No creo que Llamazares sea uno de ellos por cierto, aunque haya dicho eso.

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