Estimada señora González-Sinde,

González-Sinde-Scargas por J.R.Mora

Estimada señora González-Sinde,

le escribo esta carta con la esperanza de que pueda aclararme una duda que, por lo grave y por lo que me afecta, no se la preguntaría ni a usted ni de forma tan pública si hubiera encontrado otra persona y otro modo más discretos para hacerlo. Espero que sepa perdonarme el atrevimiento y entender la urgencia que me lleva a dar este paso.

Le ahorraré el contexto por no aburrirla, pero sí le advertiré de que pertenezco cronológicamente a esa generación que nació más o menos a la par que el caudillo moría dejándonos el chiringuito montado para que ocurrieran los cambios que todos conocemos. Doy el dato porque me parece que eso me predestina de alguna manera a cierta ingenuidad de lógica simple: habiéndome criado escuchando las cantinelas del oscurantismo recién acabado, naturalicé el valor de la cultura por encima de todas las cosas, como si fuera ella la que marcase la línea indibujable -y desdibujable- que separa lo bueno de lo malo, lo moderno de lo antiguo, lo que podíamos ser de lo que no habían sido. Es, por lo tanto, la aportación más objetiva que puedo darle para justificar que en mi cabeza resuene especial todo aquello que incluya la palabra “cultura”, incluyendo, aun no siendo muy amigo ni de cargos ni de instituciones, el que ahora usted sustenta y la que dirige.

Para que no piense que hablo de una ingenuidad caprichosa y pasajera, sepa que le podría dar infitinas pruebas de los despropósitos que esta ha provocado en mi vida. Por ejemplo, este mismo blog desde el que le escribo y en el que me empeño desde hace más de cuatro años. O que mi ocupación profesional sea la de enseñar en una universidad. O tantos otros embolaos sin brillos ni gloria en los que me podrá encontrar metido.

Antes de expresarle mi duda y habiéndome ya delatado como defensor de una causa sin defensa, me debe permitir una pequeña queja referida no sólo a usted, sino a todos quienes han sustentado su cargo en el ministerio de cultura. Y es que los ministros siempre me han parecido poco quijotescos para poder llevar a cabo bien una función que requiere de la suficiente inocencia y estupidez como para poder olvidar que se trabaja por lo que no se puede ganar. Creo que la lista a la que usted se añade ahora la es de personas inteligentes y razonables, y así no hay quien coja una lanza para defender el conocimiento en los tiempos que corren.

Ninguno de ellos recibió de mi parte una carta como esta y quizá eso le parezca fastidioso o incluso injusto, pero es que ellos, también conscientes como digo de lo absurdo de su trabajo, callaron y nos dejaron solos con la labor a los locos. Alguno incluso nos dio palmaditas cariñosas en la espalda, mostrando su simpatía por las causas perdidas y nobles. Lo de usted es diferente. Parece que le ha podido la ambición -y discúlpeme de nuevo que sea tan franco, pero ahora toca- y no se ha querido conformar con un trabajo sin frutos de inauguraciones vacías y discursos floreados. Es como si hubiera visto a sus compañeros en las reuniones de equipo y le hubiera mordido el sueño de hacer usted también cosas por España. ¡Lástima que no haya sido más valiente -el valor en la cultura es como en los toros, que se da por sentado- y no haya optado por echar una mano en la cartera de Defensa o de Interior! Habríamos ganado todos en color sin duda alguna siendo como son temas más propensos a la peliculería. Sin embargo, ha optado por la de Industria, defendiendo los intereses de los que venden y ponen puertas al campo, trabajos incluso necesarios en momentos para la prosperidad de algunos, pero que son incompatibles con esta locura nuestra que usted debería defender, señora Ministra.

Y de ahí viene mi duda que le expongo ya de forma directa: siendo usted tan capaz y tan cuerda, hasta el extremo de haberse percatado de que le encomendaban una tarea de aire perfumado, ¿por qué no le cede su puesto a un tonto aunque sea por respeto a la tradición? Usted quedaría vacante para un cargo más serio y la gente de cultura nos veríamos seguro mejor representados. Por más que lo pienso, no consigo encontrarle un pero a la idea, por lo que se lo transmito para que me lo aclare o, si tampoco es capaz, que lo tome en consideración.

Un cordial saludo,

Manuel Alcántara.

(El dibujo es del gran J. R. Mora).

Manuel Alcántara-Plá
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