5 razones para una crisis

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Seamos sinceros:

1. El mundo se autodestruirá en breves segundos. Esto es así sobre todo si lo miramos en el reloj geológico, siempre de perspectivas perversas. No es normal tener uno en el salón, pero no debemos preocuparnos mucho por ello porque para eso existen esas personas que se autodenominan periodistas (sí, hay profesiones que sólo salen de la boca de quienes las ejercen) y te lo van a recordar de vez en cuando: Somos garrapatas planetarias; la Tierra se menea todo lo que puede, pero nosotros no dejamos de chuparla; sí, el mundo se autodestruirá y es muy posible que lo haga por estar harto de nosotros.

2. Nuestros gobernantes son marionetas a las órdenes y caprichos de gente que, enriquecida hasta límites inimaginables para la plebe, debe de ser lo suficientemente infeliz como para seguir exprimiendo (véase el punto 5). Esta gente de la política nos miente compulsivamente. No se les puede culpar porque es una enfermedad mental de la que adolecen. Por eso no los encarcelamos. La sabiduría popular nos hace llamar a este juego de forma casi instintiva “democracia” en honor a unos griegos que se follaban a sus esclavos, cuanto más jóvenes mejor.

3. Nos hemos cargado a todos los dioses que teníamos. No hablo de esos poligoneros que le dan patadas a una pelota o a los pijos que han conseguido serlo aún más cumpliendo el sueño de cualquier poligonero, el de hacer el cabra con un coche. Me refiero a los dioses de verdad, a esos que explicaban por qué estamos aquí, a dónde vamos y a dónde han ido a quienes sentimos haber perdido, cómo hacer para sentirnos plenos en nuestro apartamento de cuarenta metros cuadrados a una hora de atasco de nuestro trabajo… Este tipo de cosas que sólo le permitiríamos respondernos a un dios de los de verdad, de los que no son de carne y hueso. Lo único que hemos dejado de ellos sobre la faz de la tierra es un señor muy arrugado que cada vez que abre la boca lo hace para decir algo en una lengua diferente, claramente inspirado en películas de temática religiosa de los setenta y ochenta dirigidas por gente como William Friedkin y en las que nunca ganaban los buenos.

4. Damos asco. Lo decimos poco en público, pero creo que hay consenso. Por todo lo que pone en los tres puntos anteriores y porque tenemos espejos en casa. Joder: tenemos espejos sobre todo en los baños, frente a nosotros cuando salimos de la ducha empapados y enrojecidos, como si estuviésemos recién paridos, con la mismita cara de asombro y estupor que en el nacimiento, pero esta vez no ante las enormes manos del médico, sino ante nosotros, que nos damos asco. Todos, sin excepción, estamos demasiado gordos o flacos, con demasiado pelo o con demasiadas calvas, con partes desproporcionadamente grandes o desproporcionadamente ausentes, somos demasiado jóvenes o demasiado viejos… No me hagáis hablar de nuestros culos, que tiene la virtud de aplicársele todo lo anterior. Y todo esto se ve porque quienes mandan en la fashion industry se empeñan en que se vea, posiblemente desesperanzados de que se pueda ocultar hasta el último defecto. Queridos amigos musulmanes y católicos radicales, llenar las aceras de burcas demasiado altos o demasiado bajitos es un parche, no es la solución.

5. Malvivimos en la pobreza. No es que me consuele, pero hace tiempo que descubrí que esto no nos pasa únicamente a los que nos dedicamos a las Humanidades y a las Artes. Nosotros somos sólo el ejemplo más logrado. A los ingenieros también les ocurre y a los médicos y a los empresarios y hasta a los políticos, que de vez en cuando se inventan leyes del tipo “los políticos no pueden ser pobres”, pero ellos son los primeros que saben que es mentira. Ninguno nos podemos comprar lo que queremos porque no tenemos un duro o porque no tenemos tantos duros como haría falta o porque no se nos ocurre lo que queremos y asumimos que debe de ser porque no tenemos el dinero suficiente ni para poder desearlo. Todos somos pobres de solemnidad como lo fueron nuestros padres y lo serán nuestros hijos. Bienvenido a la república dependiente de mi casa.

Creo que podría seguir eternamente, pero cinco puntos deberían ser suficientes para transmitir la idea incluso entre seres como nosotros. Ahorro los esfuerzos para acometer la tarea de pensar en posibles soluciones. Si ahí llego a cinco, me daré una palmadita en la espalda.

Imagen del proyecto NO Global tour de Santiago Sierra.

Manuel Alcántara-Plá
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