Haz clic aquí, una obra de teatro sobre la presunción de inocencia en las redes sociales

Foto4-Haz-Clic-Aqui.-Andres-de-Gabriel

La semana pasada tuve la suerte (mi amiga Ana mediante) de poder ver la obra Haz clic aquí de José Padilla, que estará en el Teatro María Guerrero de Madrid hasta el 23 de noviembre. Antes de entrar en más análisis, me gustaría recomendártela porque está bien escrito; el tema, como verás enseguida, es actual e interesante; y porque el trabajo de los actores merece de por sí la visita.

El asunto de Haz clic aquí es la desaparición de la presunción de inocencia por la rapidez con que se transmiten las informaciones por las redes sociales. La velocidad es la misma si la noticia es falsa o verdadera e independiente de si puede perjudicar gravemente la imagen de alguien o no. Es algo que lleva décadas haciendo la televisión (¿cuántos nombres y apellidos de inocentes han sido señalados en los telediarios?), pero que los nuevos medios ha terminado de popularizar con algunos matices. El más relevante es que hemos dejado de ser receptores pasivos a tener parte de responsabilidad en el proceso. Somos nosotros quienes retuiteamos o compartimos noticias, vídeos e imágenes. Lo hacemos, además, con bastante menos reflexión (para lo bueno y para lo malo) que una redacción de un medio profesional. No compartimos por intereses ocultos o por una implicación real, sino porque compartir es un elemento central de nuestras relaciones en las redes.

El año pasado analizamos el caso de Amanda Todd en clase buscando claves sobre este tema. El de Todd es un ejemplo interesante por cómo la propia víctima de ciberacoso utilizó Internet para contar su situación y también por cómo se desarrolló la búsqueda del acosador a través de la red, cómo Anonymous señaló a alguien que fue consecuentemente acosado (en el espacio físico y en el virtual) y cómo terminó por descubrirse que había sido acusado por equivocación.

No te voy a estropear el argumento de Haz clic aquí, pero tiene mucho que ver con la historia de Todd y se basa en otro suceso real. Sospecho que debe de haber muchos donde elegir en estos días. La obra de Padilla tiene un claro objetivo de remover conciencias, con momentos en que los actores prácticamente nos restriegan por la cara nuestras prácticas más comunes. A mí personalmente es la parte que menos me gustó del texto. Creo que no hace falta que se nos recuerde cómo actuamos a diario cuando presenciamos una historia de este tipo. La relación es obvia. También me pareció que había una pregunta implícita de hasta qué punto no están diseñadas las plataformas de tal forma que es difícil no caer en la tentación de difundir una información, independientemente de cuánto sepamos sobre su veracidad. ¿Cuánto cuesta pulsar el botón de “Me gusta” o de “Retweet”?

Creo que son preguntas sobre las que merece la pena reflexionar, aun a riesgo de que este texto se convierta en el menos difundido de la Historia.

Manuel Alcántara-Plá
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