#NoticiasTransparentes

Autoretrato de Sebastian Delmont

En la comunicación tan importante es lo que se dice como quién lo dice. No es un gran descubrimiento o, mejor dicho, sí que lo es, pero uno que solemos hacer en nuestros primeros años de vida. La información que recibimos no tiene el mismo valor si nos lo da un compañero del colegio o nuestros padres o profesores. El cómo nos lo transmiten (a gritos, en un susurro secreto, en una carta…) también nos ayuda a sopesar un mensaje, pero es una variable secundaria que depende del quién y del qué.

Los medios de comunicación y la educación del s.XXI han dinamitado estas estrategias que dictaba nuestro sentido común. Las hemos puesto patas arriba. Ahora lo importante es el cómo y después lo matizamos con el quién y el qué. ¿Nos lo están diciendo a través de la televisión? ¡Algo de verdad tendrá entonces! ¿Ha salido en la portada de nuestros periódico favorito o lo han comentado en la cadena de radio que escuchamos cada mañana? ¡No puede ser mentira entonces! El cómo acredita incomprensiblemente los mensajes. Si quien habla es un personaje al que ya hemos pillado en varios renuncios, nos enfrentan a un conflicto de creencias. El tipo es un farsante, pero si lo está diciendo en el telediario nacional y la locutora lo escucha con tanta seriedad, ¡será por algo!

Efectivamente, será por algo, pero es sorprendente la poca perspicacia que gastamos en rebuscar ese algo. Los medios de comunicación son el remanso donde dejamos descansar nuestra desconfianza. Si no fuera así, posiblemente tendríamos que preguntarnos para empezar quién está pagando a la persona que nos da la noticia. ¿Tiene quizá alguna relación con el banco al que están elogiando? ¿Hay vínculos con el político encumbrado por sus palabras?

Ahora que está de moda exigir transparencia a los partidos políticos, te propongo hacer lo mismo con los medios de comunicación. ¿Por qué voy a escuchar informaciones de quien desconozco los intereses? Ahora estos los deduzco precisamente por lo que callan y lo que exaltan, pero ¿cómo es posible que sus intereses sean ocultos? Si hay una justificación moral para el periodismo, esta es su labor de “vigilantes” de lo que ocurre en la sociedad. Eso solo es posible si ellos se mueven libremente, pero libertad no significa opacidad ni impunidad. Queremos saber quién financia cada unos de estos altavoces de opiniones. Queremos que sus cuentas sean públicas.

Algunos de los periódicos más jóvenes van en esta dirección, pero son solo breves oasis en el océano de las comunicaciones. Queremos noticias transparentes.

Manuel Alcántara-Plá
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