A mi salvapantallas, in memoriam

Salvapantallas, RIP

Los diseñadores del sistema operativo Ubuntu decidieron eliminar el salvapantallas en la versión 11.10, hace ya cuatro largos años. El paso era lógico. Los salvapantallas le debían el nombre a que evitaban que se quemaran las pantallas de rayos catódicos, algo que pasaba cuando se mantenía una imagen fija durante un largo periodo de tiempo. Estas pantallas, que llamábamos CRT por el acrónimo inglés, conseguían su magia gracias a un haz de rayos proyectado en un tubo contra un vidrio cubierto de fósforo, que era la clave, y plomo, que servía para evitar que los rayos X llegaran a nuestros ojos.

Hace muchos años que no se comercializan las CRT. Las abandonamos por las pantallas de cristal líquido (el acrónimo esta vez es LCD), que apenas gastan energía y ocupan mucho menos espacio. No hay necesidad del dichoso tubo. Por eso no nos costó mucho, si no hablamos de dinero, olvidar los monitores antiguos. Ya no podíamos llamar “cabezones” a nuestros equipos informáticos, pero era para mejor.

No contábamos con el daño colateral de los salvapantallas. Ellos eran los protagonistas de la mayoría de equipos. Aquellas figuras geométricas que llenaban nuestras retinas de color provocaban un efecto hipnótico que venía a simbolizar el poder de la informática. Las computadoras, nuestras nuevas inquilinas, lo podían todo; no había más que quedarse mirándolas para comprenderlo.

Los responsables de Ubuntu recibieron multitud de críticas por su decisión: práctica, limpia, sin corazón. Un usuario se quejaba amargamente de que habían eliminado uno de los motivos de que sus nietos estuvieran deseando visitarle. Les encantaba admirar su salvapantallas, que cambiaba de gráficos cada minuto. Terminaba su protesta preguntándose por qué lo habían hecho calladamente, a traición.

La respuesta era que se trataba de un cambio eficiente. Con las nuevas pantallas lo más práctico es incluir una función que las apague cuando el dispositivo lleve un tiempo sin ser utilizado. Desde un punto de visto técnico, no hace falta más. Los ingenieros pensaban que configurábamos nuestros salvapantallas porque alargaban la vida de nuestras CRT. Me pregunto si nunca se habían encontrado en una oficina con personas charlando ociosamente mientras las pantallas decoraban el inmobiliario con belleza futurista; si nunca habían encendido sus ordenadores con algún pretexto para poder quedarse mirando aquellos bucles preciosos de curvas y destellos; y si dio quizás la maldita casualidad de que ni uno de ellos tenía nietos que le visitaran.

Manuel Alcántara-Plá
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