Cada vez que decimos adiós

El cine se inventó hace cien años. Durante ese tiempo la gente de muchos lugares ha viajado en una escala que no tiene precedentes desde que se establecieran las primeras ciudades, cuando de nómadas pasamos a ser sedentarios. Uno piensa automáticamente en el turismo y en los viajes de negocios ya que el mercado mundial depende del intercambio continuo de productos y trabajo. Pero los viajes han sido mayoritariamente realizados bajo coerción. Desplazamientos de poblaciones enteras. Refugiados huyendo del hambre o de la guerra. Ola tras ola de migrantes emigrando por motivos políticos o económicos, pero emigrando siempre para sobrevivir. El nuestro es el siglo del viaje forzoso. Diría más: el nuestros es el siglo de las desapariciones. El siglo de la gente que ve a otros, cercanos a ellos, desaparecer en el horizonte. “Cada vez que decimos adiós”, como inmortalizó John Coltrane. Quizás no sea sorprendente que la narrativa propia de este siglo sea el cine.

Proyector de cine

Así empieza el ensayo “Ev’ry Time We Say Goodbye”, escrito por John Berger en el año 1990. Casi treinta años después, ambos fenómenos se han intensificado: más refugiados que entonces, más comunicaciones en movimiento que desaparecen apenas lucen en la pantalla.

Manuel Alcántara-Plá
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