En el silencio de la cultura

El fragor de la batalla y su propagación en la prensa, las fotografías y la filmografía bélica cubrieron de silencio las tierras de los combatientes. Después, el fascismo, el nacionalsocialismo y la Segunda Guerra Mundial.

Los soldados vuelven mudos de la guerra porque su experiencia no guarda una medida común con el resto de sus seres queridos. El exceso de lo sentido no se aviene con los modos en que, otrora, se tejía el mundo de la experiencia que podía ser compartida. Su escucha es otra. Su oído no es el órgano que, atento a un desarrollo, teje lo visto, sino que, dominado por el estar alerta, se convierte en órgano del miedo, en cuerpo que imagina. El ruido se ha apoderado de sus cuerpos haciendo inaudibles aquellas otras melodías que antes de la guerra daban forma a la experiencia de sí, a la experiencia de un mundo compartido.

Es muy estimulante la forma en que Carmen Pardo presenta en En el silencio de la cultura (2016) el devenir de nuestra sociedad a través de los sonidos. Las notas musicales, los ruidos y el propio silencio descubren ámbitos de significado ajenos a lo lingüístico. El libro incluye bastantes muestras de cómo sobrevaloramos lo textual en detrimento de otros estímulos. Nos llama la atención, por ejemplo, sobre cómo los periódicos que relataban las batallas de la Guerra Mundial traían a sus lectores todos los aspectos importantes de aquellas luchas, menos los más presentes e importantes para quienes las vivían. Pardo destaca los sonidos estruendosos, pero podríamos sumarle los olores intensos y el tacto animal de quienes se enfrentan en grupo a un destino ingobernable. Nada de eso estaba (ni está) en los reportajes periodísticos. Como bien expresa en los párrafos que he reproducido, no es fácil comunicar vivencias que no tienen puntos de referencia para quienes no han estado allí.

En el silencio de la cultura de Carmen Pardo

Manuel Alcántara-Plá
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