“Eres idiota y no lo sabes”, la rompedora nueva campaña de la RAE

la rompedora nueva campaña de la RAE

La Real Academia Española ha pensado que tener los resultados de dos elecciones generales en apenas seis meses podría no ser suficiente para que los españoles nos demos cuenta al fin de que somos idiotas. Se ha remangado junto a la Academia de Publicidad y han diseñado una campaña rompedora para abrirnos los ojos. Si no has visto el anuncio (o el “spot”, como dicen en alguna de las noticias donde se alaba la iniciativa), puede ser un buen momento.

Lo resumo para dummies, ya que de eso se trata. Se han inventado un anuncio con frases en inglés cuyo único atractivo es cómo suenan. En realidad, están vendiendo unas gafas que no permiten ver, “with blind effect”. Rizando el rizo, lo han enmarcado como propuesta de la RAE para luchar contra los anglicismos, aprovechando el primer debate de la RAE sobre el uso del español (quieren decir inglés) en la publicidad.

Alguien podría pensar que no somos idiotas, sino que el problema es que hay muchas palabras en inglés, pero eso sí que sería un pensamiento con poco fuelle. No hay más que ver los anuncios que sí están en español, como esos a los que llaman mítines electorales. Nos hablan de que el detergente tiene micropartículas activas o de que el centro neurálgico de la política española está en los suburbios de Caracas. Lo hacen en español y  les funciona. También nos pasa, por cierto, cuando nos ponen el menú de un restaurante en francés, que se nos hacen los ojos -y la cartera- chiribitas. O cuando los cafés tienen nombres italianos.

Somos idiotas. Ahí el diccionario de la RAE sí que atina: “Tonto o corto de entendimiento” y “Engreído sin fundamento para ello”. En el caso concreto de las palabras en otras lenguas, el fenómeno lleva mucho tiempo explicado por los expertos en lenguas y comunicación. Tiene mucho que ver con lo que Jan Blommaert denominó “indexicality”, que es un término inglés que sí ha provocado bastante movimiento neuronal en los últimos años. Me atrevo a resumirlo mucho animando a la lectura de las obras del autor para una visión más afinada. Una idea previa y necesaria es que el significado de las palabras depende de nuestras experiencias con ellas, lo que forma una píldora potente de relaciones conceptuales y de emociones. Un ejemplo fácil: la palabra ahora española “mamá”, significa según el diccionario lo mismo que “madre”, es decir, “Mujer o animal hembra que ha parido a otro ser de su misma especie”. Sin embargo, cuando un hablante de español escucha esta palabra, en su cabeza despiertan ciertas emociones (que probablemente no coincidan con las de la palabra “madre”) y se refrescan algunos conceptos (“familia”, “infancia”… Que cada cual elija los suyos). A esto los lingüistas solemos llamarlo marcos cognitivos, que son los “cognitive frames” del inglés disfrazados de castizos.

Ya llego a la, con perdón, “indexicality”. Resulta que esos significados dependen fuertemente del contexto en que se utilicen y es ahí donde se produce un fenómeno curioso: en un contexto no habitual, algunas palabras adquieren superpoderes y ya no importa tanto qué signifiquen según los diccionarios, sino la fuerza que tegan sus marcos cognitivos, las emociones y la simbología de su origen. Otro ejemplo fácil: la arroba (@) tiene sentido en las direcciones electrónicas porque suena en inglés como la preposición “at” (“en”). Sin embargo, hubo un tiempo no hace tanto en que los publicistas descubrieron que si la ponían en otros contextos, como en el rótulo de cualquier negocio, adquiría superpoderes y pasaba a significar modernidad y tecnología. Igual que los menús en francés significan elegancia y el italiano le da glamour a los cafés.

Somos idiotas. Nos fiamos de nuestras experiencias previas, de las que recordamos incluso emociones. Quizá en algún momento eso nos pueda salvar la vida. Incluso se puede jugar con ello para crear obras artísticas que nos lleven más allá de lo obvio. Muchas veces solo prueba lo simples que somos. Vemos a un hombre guapo y  trajeado, lo relacionamos con éxito y dinero y queremos ser como él empezando por algo modesto: llevar sus gafas con “blind effect”. Nos dicen algunas cosas en inglés y confirmamos las sospechas iniciales: este tipo está forrado, se quita las/os amantes a patadas y queremos ser más como él. Es lo que ocurre con la gente que usa términos en inglés y tiene esa pinta. Lo hemos visto. Lo sabemos. George Clooney está en otra liga: no solo habla inglés y está trajeado, sino que encima habla de café en italiano. Yo tengo su cafetera.

Ojalá lo pudiéramos justificar todo con una invasión de palabras bárbaras. Me temo que no. Espera al 26J y verás.

Manuel Alcántara-Plá
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3 Comments

  1. Todos estos anglicismos penetran en nosotros porque les dejamos. Habría que hacer una campaña en contra de su utilización mezclado con nuestro español. La RAE debería presionar a quien corresponda para esa campaña. Estoy segura que se minimizaría bastante su uso.

    1. Gracias por tu comentario, Lucía. Creo que la campaña ya se está haciendo, como se puede ver en el vídeo. Me pregunto, sin embargo, por qué tenemos que minimizar su uso. “Nuestro español” es una lengua mestiza, como cualquier otra, con palabras de muy diferentes orígenes.

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