¿Hay que ser políticamente correcto con las minorías cuando se escribe ficción?

Más les vale tener cuidado a los escritores en el mundo de las políticas identitarias. Si elegimos utilizar a miembros de grupos protegidos, se nos aplicarán reglas especiales. Si un personaje resulta ser negro, tendrá que ser tratado con guantes de seda y sin situarlo nunca en escenas que, sacadas de su contexto, pudieran parecer poco respetuosas. Sin embargo, esa no es forma de escribir. La carga es demasiado pesada y la autocensura paralizadora. El resultado natural de ese tipo de críticas […] es que la próxima vez no usaremos ningún personaje negro salvo que haga o diga algo completamente admirable y maravilloso.

La escritora estadounidense Lionel Shriver ha provocado cierto debate con su charla en el Brisbane Writers Festival del pasado septiembre. Su discurso se centró en el concepto de apropiación cultural, una cuestión compleja y especialmente sugestiva para quienes nos interesamos por la comunicación. El enfoque que propone es muy atractivo: ¿cómo conjugamos la escritura de ficción, donde el/la autor/a siempre asume papeles ajenos, con la postura políticamente correcta de no asumir roles de culturas que no son las propias?

Desgraciadamente estamos ante una oportunidad perdida para una reflexión de calado. Creo que el debate ha surgido a partir de una visión reduccionista del tema que es engañosa e injusta.

Entiendo la argumentación de Shriver y reconozco su habilidad retórica para utilizar la parodia. Ejemplos como el del sombrero mejicano, que llegó a ponerse en la cabeza durante la charla, son muestra de ello. No obstante, considero un atrevimiento que proponga este debate desde su posición. Lionel Shriver es blanca. Es de Carolina del norte. En la imagen de abajo aparece con su marido Jeff y una taza de los Ulster Freedom Fighters, el grupo terrorista protestante de Irlanda del Norte. No sé si escribir “terrorista” y “protestante” le parecería a ella poco políticamente correcto. “Grupo paramilitar” sería posiblemente mejor.

La escritora, el marido y la taza del UFF

Reconozco que la brevísima descripción que acabo de hacer de esta autora es también reduccionista y paródica. La fotografía lo ponía fácil y sirve para explicar por qué me desagrada su discurso. No pongo en duda que pueda tener algo de razón cuando lamenta que algunos seamos a veces más papistas que el Papa denunciando ofensas. No obstante, ella no está entre las personas legitimadas para hacer sonar esa alarma. El excesivo celo con lo políticamente correcto es una cuestión ya recurrente en la literatura actual, con alguna obra recomendable como el clásico contemporáneo La mancha humana (2000) de Philip Roth. Sin embargo, abundan cada vez más defensas de la libertad, creativa en este caso, como la de Shriver, exigidas desde quienes en realidad ya la disfrutan. No puedo evitar ver en este discurso el enésimo alegato por el mantenimiento de los privilegios disfrazada de una defensa de lo común y de la libertad.

Una prueba de ello es que esta escritora no se ha molestado en elegir algunos ejemplos opuestos: apropiaciones culturales en sentido inverso. ¿O solo hay apropiación de los blancos anglosajones y protestantes hacia los demás? Si lo hubiera hecho, el fenómeno cobraría riqueza y de paso habríamos sabido qué opina cuando el camino se recorre en la otra dirección.

El discurso olvida un detalle crucial cuando denuncia la sobreprotección de las minorías: que estas se cuidan porque son discriminadas en nuestras sociedades. No se trata de sombreros exóticos que dan color a sus novelas. Son personas que, por el mero hecho de ser diferentes, quedan reducidas en la mente de algunos a divertidos sombreros de colores.

Manuel Alcántara-Plá
Más información sobre mi trabajo en Info / You can find information about me in this page.

Deja un comentario