La biblioteca digital universal

Nadie duda de que los científicos deban ser pagados cuando alguien usa o replica sus resultados. Sin embargo, hemos encontrado otras formas de compensarles por su vital trabajo. Les recompensamos según el grado en que su trabajo ha sido citado, compartido, enlazado y conectado en sus publicaciones, de las que ellos no son propietarios. […] En gran medida, los científicos consiguen sobrevivir regalando copias de su propiedad intelectual. ¿Qué nos dice esta tecnología? Que las copias ya no cuentan; las copias de obras sueltas, limitadas dentro de su encuadernación, pronto dejarán de importar mucho. Las copias de sus textos, sin embargo, ganarán en valor según se multipliquen y sean lanzadas al mundo, indexadas y copiadas de nuevo. Lo que cuenta son las maneras en que esas copias comunes de un trabajo creativo puedan ser enlazadas, manipuladas, etiquetadas, subrayadas, traducidas, iluminadas por nuevos medios y cosidas juntas en la biblioteca universal.

La única forma de que los libros mantengan su menguante autoridad en nuestra cultura es que se conecten a esa biblioteca. […] Todos los trabajos nuevos nacerán digitales y fluirán por la biblioteca como si añadiéramos más palabras a una historia antigua. En el choque entre las convenciones del libro y los protocolos de la pantalla, esta última saldrá vencedora. En esta pantalla, ahora ya visible para miles de millones de personas, la tecnología de la búsqueda transformará los libros sueltos en una parte más de la biblioteca universal de todo el conocimiento humano.

El texto aparece en las secciones 75 y 76 del libro Reality Hunger de David Shields. Llama la atención la confusión gramatical que muestra con los tiempos. El cambio de lo analógico a lo digital se escribe en un futuro cada vez más presente. La verdad es que la transformación digital de la que habla parece haber tenido lugar, pero yo leo su descripción en papel. En el mundo de “la biblioteca universal”, el libro que tengo en las manos ha tenido que viajar en avión para llegar a mí. Lo edita Penguin Books, que tiene oficinas en Inglaterra, EEUU, Irlanda, Australia, India, Nueva Zelanda y Sudáfrica para garantizar la distribución de sus “obras sueltas”.

Me parece curioso que una reflexión sobre cómo comunicamos y “vendemos” en las ciencias le lleve al autor hasta el funcionamiento de Internet y los buscadores. Es un paralelismo que yo he utilizado muchas veces en clase para explicar la lógica del algoritmo del “pagerank” que ordena los resultados de Google. La base es exactamente la misma: una página debe su valor a la cantidad y a la calidad de las páginas que la enlazan de idéntica manera a como un artículo científico debe el suyo a la cantidad y calidad de los artículos que lo citan. En ambos casos “calidad” se interpreta en una clave propia: precisamente los que tienen más “pagerank” o citas.

Sala de la biblioteca del Trinity College de Dublín

Shields ha escrito su libro con forma de antología de aforismos o reflexiones breves. O podrían ser tuits si no fuera por las libertades que se toma con la diversidad de extensiones. Como él mismo dice, su género es la prosa, no la novela, sin especificar más.

Este fragmento concreto deja un regusto extraño. Lo que cuenta parece optimista: la existencia de una biblioteca universal de todo el conocimiento humano, un sueño borgiano hecho realidad en la era digital. Sin embargo, nos lo cuenta con muchas oraciones negativas, con “noes”, con “dejar de importar”, con la “menguante” autoridad, etc. Una idea positiva transmitida en un tono pesimista. Ambos polos son intuiciones que, como tampoco hace con las demás ideas del libro, no sustenta sobre demasiados fundamentos. Y sin embargo, puede no faltarle razón y puede que todas las razones estén en sus palabras. Una biblioteca universal es un milagro presente en nuestras mitologías, pero una biblioteca jerarquizada con criterios que no compartimos, como le pasa a las creaciones científicas, puede convertirse en una pesadilla sin salida.

El presente digital que vivimos apunta a posibles caminos que llevan a futuros muy diferentes.

Manuel Alcántara-Plá
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