La poesía no tiene utilidad, pero sí valor

[En cuanto al sentido de la poesía] me gusta la noción aristotélica de la catarsis. Y pienso que lo que el arte puede hacer es afinarte. Piensa en un violín desafinado y cómo lo afinamos para que suene bien. Yo creo que eso es lo que el arte es y lo que el arte hace. El buen arte y los poemas buenos hacen que la gente sea más humana, más inteligente, más sensible y pura emocionalmente de lo que sería sin ellos.

Y una de las cosas maravillosas de la poesía es que no tiene ninguna utilidad. “¿Para qué sirve la poesía”, pregunta la gente a veces en, por ejemplo, la carnicería. Se me acercan y me preguntan: “¿para qué sirve?”. Y la respuesta es que para nada, pero eso no implica que no tenga valor. No tiene utilidad, pero sí valor. De hecho, los poetas, los artistas, los novelistas y los dramaturgos son lo primero que tratan de eliminar siempre los dictadores. Queman sus libros. Les horroriza lo que la poesía es capaz de hacer.

La poesía te anima a pensar por ti mismo y a ignorar a la Iglesia y al Estado, pero eso no es exactamente una utilidad, sino un valor. Mi metáfora favorita para esto se la debo al crítico inglés Cyril Connolly, quien comparaba las artes con una glándula diminuta de nuestro cuerpo, como la glándula pituitaria, que está en la base de la columna. Parece muy pequeña e insignificante, pero si te la quitan, el cuerpo se muere.

En las cenizas del crematorio en Auschwitz encontraron fragmentos de poemas. Esa gente que se dirigía a su muerte se molestó en escribir poemas. Eso lo dice todo. Es una actividad humana normal. Incluso en los momentos más extremos, volvemos a ella. Incluso cuando no escribimos poemas, nos los recitamos a nosotros mismos.

Las palabras de arriba se las debemos a Michael Longley, un poeta que admiro por su capacidad de ser preciso sin necesidad de recurrir a grandes sofisticaciones. Sabe encontrarle la emoción a cada verbo y a cada nombre cotidianos.

Micheal Longley, por Bobbie Hanvey

Esta definición de lo que es la poesía es una respuesta a las preguntas de Krista Tippett en la entrevista que le realizó el pasado 3 de noviembre en Belfast para su podcast On being. El podcast de Tippett es un tesoro que nunca me defrauda. Sabe elegir a los entrevistados y obtener sus esencias de la forma más elegante e inteligente.

Longley no solo tiene claro el valor de la poesía, sino que también le encuentra utilidad a los poetas, que son los encargados de usar las palabras con la máxima precisión y de la manera más sugerente. “Una palabra mal colocada y el poema está muerto”, nos advierte. Esa habilidad convierte a los poetas en los “custodios de la lengua”, una responsabilidad que él considera un regalo.

Los poetas no son ni más ni menos humanos que el resto de la gente, pero para mí es un don extraordinario ver algo bello, como una flor o una alondra, y escribir sobre ello. Para mí no hay una experiencia que sea completa hasta que no he escrito algo sobre ella. Es una forma de tener más de una vida.

He llegado a participar en conversaciones bastante inteligentes con otros sin que se dieran cuenta de que, al fondo de mi cabeza, yo estaba terminando un poema.

[Fotografía de Micheal Longley por Bobbie Hanvey]

Manuel Alcántara-Plá
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