Recomiendo un blog literario

Fotografía de Cuaderno portátil, Beatriz Miralles

Ayer me topé con el blog de Beatriz Miralles Cuaderno portátil. Nunca consigo recordar los pasos que me llevan a estos descubrimientos. Me encantaría repetir cada enlace y poder jugar en las últimas bifurcaciones. ¿Llegaría a otras sorpresas?

Estoy repasando algunas lecturas para la ponencia de la semana que viene en el simposio del Museo del Prado sobre escritura con las nuevas tecnologías. Hay algunas ideas que se repiten tanto en la bibliografía sobre el tema que a veces no encuentro el hueco para ponerlas en duda. En el caso de los nuevos medios, se repiten siempre la rapidez de los mensajes, su espontaneidad y su superficialidad. Esas son supuestamente las armas (y los defectos) de la comunicación digital. Pero entonces me topo con un blog como el de Beatriz Miralles y me doy cuenta de que me obliga a detenerme, a profundizar en los temas y en las emociones que me propone, y que eso es lo que lo convierte en especial con respecto a la mayoría de lecturas que publica la prensa “oficial” y “analógica”. Lo revolucionario en su escritura es la pausa, el cuidado y la complejidad. Los nuevos medios permiten que ella pueda escribirlo y yo, sin conocerla ni buscarlo, leerlo.

La autora de Cuaderno portátil tiene un libro de poemas titulado Oscura deja la piel su sombra, pero su poesía no es el objeto de esta web. El blog está poblado más bien por las lecturas que ella va encontrando por librerías y bibliotecas, y por reflexiones que tienen que ver con la escritura, con lo escrito y con quienes lo escriben. Una grata sorpresa de la que te dejo un brevísimo aperitivo.

La semana pasada O. me dejó algunos libros para mis próximas lecturas. Hace unos días comencé a leer uno de ellos: Respiración artificial, de Ricardo Piglia. Una de las cosas más fascinantes de leer libros prestados es atender a los subrayados y las pequeñas notas hechas en los márgenes de sus páginas. Esas marcas son pequeños tesoros que pueden llegar a condicionar la lectura. Al fin y al cabo, se trata de una forma de presencia del otro fijada en sus anotaciones y subrayados. Conforme avanzo en la lectura, comienzo a darme cuenta que no siempre nuestros criterios al subrayar una frase o una forma de contar coinciden y me pregunto entonces por la elección de determinadas cosas y no otras. Me gustaría pensar que, quizá, unidos como un hilo todos esos fragmentos subrayados puedan llegar a decir algo que desconozco de O., como en un mensaje cifrado.

Manuel Alcántara-Plá
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