Si las mujeres escribieran sobre los hombres de la manera que los hombres lo hacen sobre las mujeres

Brett se quitó la camiseta de tirantes por la cabeza y se miró en aquel espejo de cuerpo entero. Se bajó los vaqueros, después los boxers, y se imaginó el momento en que Jennifer le vería desnudo por primera vez. Sus pies eran de un tamaño medio y tenían algo de vello en los dedos que probablemente tendría que eliminar antes de esa noche. A él le gustaban sus piernas lo normal, pero sus muslos eran anchos y vergonzosamente musculados. Lo intentó poniéndose en diagonal, girando su cadera. Mejoraba algo. En esa postura era más fácil verse el trasero y se dio cuenta de que ya no era lo mismo que cuando tenía 22 años. Apretó ambas nalgas esperando que eso estirara su aspecto. Metió barriga e intentó elevar los pectorales, queriéndolos presentar como pastelitos en el escaparate de una pastelería. ¿Le gustaría a ella? ¿Era suficientemente bueno lo que ofrecía? Estiró sus labios y recorrió con las manos sus muslos. Quizás.

La escritora Meg Elison, ganadora del premio Philip K. Dick, ha levantado cierto revuelo con una sencilla entrada en la que ha escrito algunos textos breves que hablan de los hombres de la misma manera que muchos textos suelen hacerlo sobre las mujeres. El efecto es impactante. También lo es la dificultad que he tenido para traducir el párrafo de arriba. ¿Mi mayor problema? El uso de los pronombres. Mi cabeza los resuelve mal. Estamos tan acostumbradas/os a la mirada masculina que cuesta resolver las anáforas. ¿”Sus pies” de quién? He tenido que poner “A él le gustaban sus piernas lo normal” porque sin el “él” no lo veía claro. De hecho, habría puesto “sus propias piernas”, pero temía desvirtuar el texto.

La mirada masculina había quedado ya claramente expuesta por Laura Mulvey con su estudio del cine. Las cámaras “miran” a los personajes de las películas desde una posición masculina y heterosexual. Es lo que ella denomina “the male gaze”.

marilyn monroe y la mirada masculina

Meg Elison ha tenido una brillante idea con estas miniadaptaciones porque la literatura puede ser más sutil que las cámaras, pero un ejercicio como el que ella ha realizado (y el que me ha hecho realizar a mí con su traducción) evidencia hasta qué punto “the male gaze” se nos impone también en la ficción literaria. ¿Se te viene algún ejemplo a la cabeza?

Manuel Alcántara-Plá
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