Acosar es algo normal. Al menos eso dicen nuestras palabras.

Estalkear o acosar. Palabras invasoras

Cotillear la vida privada de los demás a través de Internet es tan habitual que ya tiene un verbo propio: estalkear. Es vox populi que se ha convertido en una parte esencial de los procesos de selección de las empresas, pero abarca muchos ámbitos diferentes e igualmente preocupantes. Basta con pensar en el comportamiento tradicional de una pareja obsesiva y acosadora para entender que la información que compartimos en Internet es un arma peligrosa. Pueden saber dónde estuviste ayer incluso sin que seas tú quien lo publique. Otro puede hacerlo y etiquetar la imagen con tu nombre, facilitando así sobremanera que cualquiera encuentre la fotografía en relación contigo. También pueden saber dónde y con quién estuviste hace cuatro años. Tu biografía (y ese es el nombre que tienen las publicaciones relacionadas con un usuario en la plataforma Facebook) está escrita por muchas manos sin que nadie cuide la coherencia ni el estilo. A diferencia de cualquier otro texto, este no se escribe pensando en un objetivo global o queriéndo si quiera darle un sentido. Es fragmentario, caprichoso y abierto a interpretaciones, también a las de nuestros acosadores potenciales.

La palabra estalkear es un préstamo del verbo inglés para «acosar». Que hayamos optado por el término extranjero en lugar del ya existente no es casual. «Acosar» es una palabra con un contenido poderosamente negativo. El DRAE lo define como «Perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o una persona» y «perseguir, apremiar, importunar a alguien con molestias o requerimientos». «Acosar» es un tipo de violencia criminalizada que, por si fuera poco, suele producirse contra alguien en una posición débil. Es violencia cobarde. A ninguno nos gustaría ser señalados como «acosadores».

El préstamo «estalkear» no implica esta carga. Es una palabra nueva restringida exclusivamente a una práctica novedosa en Internet. Las similitudes con la original son más que obvias, pero el nivel de aceptación es completamente diferente. Como veíamos con las copias piratas, entramos aquí de nuevo en el conflicto entre los límites morales de nuestra tradición y las facilidades que nos dan las nuevas tecnologías para sobrepasarlos. Si estuviera mal, no nos lo pondrían encima de la mesa. No hace falta ser un hacker para entrar en la intimidad de otra persona por medio de la Red. El neologismo nos sirve de coartada: no acosamos, estalkeamos.

La línea entre el deseo y el acoso ha sido tan importante como delgada históricamente. Baste recordar aquel musical de los 80, mucho antes de que Facebook existiera, que convirtió un relato de acoso en uno de los himnos románticos de la época. Sting comentó de su canción «Every breath you take» («Cada vez que respiras») que la había escrito tras la ruptura de su matrimonio con Frances Tomelty y que, aunque «parece una canción de amor reconfortante», en ese momento no era consciente «de lo siniestra que era»: «Creo que estaba pensando en el Gran Hermano, vigilancia y control». La letra del tema insiste en la idea de que, haga lo que haga ella, «I’ll be watching you» («yo te estaré vigilando»). La diferencia con la actualidad es que la enumeración de acciones que Sting pretendía vigilar era tan exagerada que funcionaba como recurso literario amoroso. Nadie podía tomarse en serio entonces que fuera a vigilar «cada paso» que diera, «cada respiración», «cada palabra», «cada juego», «cada sonrisa» o «cada afirmación». Ahora es diferente. Ahora, cuando estalkeamos, hacemos precisamente eso.

[Fragmento del libro Palabras invasoras. El español de las nuevas tecnologías]

Manuel Alcántara-Plá
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