Hace más de un año que nos decidimos a empezar esta aventura en la que se ha convertido Inicios. La motivación original surgió al ver cómo algunos asuntos muy importantes (por ejemplo el Sáhara, que fue protagonista de nuestra primera entrada y lo ha sido también de una de las más recientes) no tenían repercusión en los grandes medios de comunicación. Ellos estaban -y están- ocupados en otras cosas: en las suyas. Estamos muy contentos con la aventura porque aprendemos cosas nuevas constantemente y nos permite entrar en contacto con gente como tú a la que difícilmente habríamos tenido acceso de otro modo. Pero también nos han surgido dudas graves en el camino… y para eso tenemos esta sección de “Yo blogo, tú…”, de desahogo.
Hemos aprendido que esto de bloguear tiene sus reglas a pesar de que a veces se proclame su libertad absoluta. La censura no es directa, pero sí existe: la imponen, entre otros, los buscadores y -esperamos no meternos en ningún lío- los demás blogs, especialmente los que cuentan con mayor número de lectores. Porque nos parece que lo importante no es poder decir algo, sino poder ser escuchado. En general, nosotros hemos tenido buen recibimiento tanto por parte de unos como de los otros, pero eso no quita para que veamos que ambos tienen su poder y lo que eso conlleva.
Una regla de oro en la blogosfera es la de ser activo: participar en foros, comentar entradas ajenas, publicar cosas propias con periodicidad… Cosas que, menos la última, nosotros ya hacíamos antes encantados, lo cual no quita, de nuevo, para que ahora percibamos que es una regla del juego. Y aquí viene la duda que le da título a esta entrada (y que tan bien refleja el dibujo que la encabeza: gracias Patrick por cedernos los derechos del dibujo; esa imagen vale más que mil palabras): ¿es posible compatibilizar un ritmo alto de publicación con una reflexión serena de las cosas que se tratan? Porque la mayoría de los blogs que nosotros leemos, y el nuestro mismo, tienen como finalidad reflexionar sobre asuntos de interés, pero ¿se puede reflexionar a la vez que se leen cientos de informaciones diarias? ¿Es posible distanciarse en medio de este movimiento de datos?
No tenemos la respuesta. Quizá estemos cambiando la forma de reflexionar, antes meditativa y encerrada en una soledad sólo alterada por la intromisión de uno o dos libros,y ahora convertida en un diálogo público. A nosotros nos gusta la nueva versión (aún podríamos decir más: nos engancha), pero eso no quita para que no percibamos que nos hemos ido al otro extremo y que quizá deberíamos pensar en encontrar un punto más en el medio…
Como siempre en esta sección, invitamos especialmente a los demás a bloggers a iluminarnos con sus reflexiones sobre el tema en los comentarios. A ver si entre todos nos aclaramos un poco…