¿Tú eres la persona del año? Pues estamos apañados…

Espejito espejito

No te lo tomes como algo personal o, al menos, no nos eches la culpa a nosotros. Como a estas alturas de enero ya sabrás, la famosísima revista Times, empeñada en elegir cada año a alguien que sobresalga sobre los demás, ha decidido hacer oídos sordos este año, despreciar la candidatura de Pau Gasol y decir que qué demonios: la persona del año 2006 eres tú. A mí la decisión -y el espejito que plantaron hábilmente en la portada de la revista- me pilló con malos pelos y justito después de la Navidad, es decir, con -inacostumbrado- sobrepeso. Vamos, que me sentí un poco a lo Almodóvar en un desfile de moda.


Lo último que quisiera es que me interpretaras mal… Entiéndeme: por supuesto que te has currado el año 2006 como el que más y que ya era hora de que uno de esos tipos que dan premios se percatara de tus encantos y, sobre todo, de tu potencialidad intrínseca. Eso no lo pone en duda nadie. Pero ya es mala suerte que, para una vez que nos toca un premio, lo tengamos que compartir con no sé cuántos millones de personas que, espero que nos entiendan, no es que no se hayan currado el año 2006 tanto como nosotros, pero es que un honor así, que me apunta a mí, debería de ser algo más selectivo.
La cuestión es que somos la persona del año porque hemos publicado muchos artículos como este, muchos vídeos como aquel del tipo capaz de tocar la corneta con el ombligo y llorar a la vez, muchas entradas de la wikipedia -yo cada vez que escribo algo acabo censurado tras un sesudo debate entre tres o cuatro de esos freaks que dedican su vida a censurarme en ella sin ánimo de lucro- y mucho de todo, vaya.

El premio viene acompañado de varios razonamientos lustrosos como el de Steven Johnson, que afirma que los “amateurs están llenando el vacío creado por todo lo que los medios de comunicación tradicionales han decidido ignorar”. Sí, por ahí van los tiros: el quinto poder nos felicita por la cantidad de (des)información que hemos sido capaces de producir sin ser profesionales. Como el mismo Johnson explicita, nadie como nosotros para hablar sobre esas pequeñas cosas de la cotidianidad que tan bien conocemos. Fair enough. Otro de los artículos del mismo número, el de Brian Williams, da el toque crítico contra la decisión tomada por su revista. Williams se pone serio porque cree que se produce demasiado y sin ton ni son. Vaya, vaya. Todos hablamos a la vez y así es difícil uno de enterarse de lo que importa, corriendo “el peligro de perdernos el próximo gran libro o la próxima gran idea, o podríamos no ser capaces de cumplir el siguiente reto… porque estemos demasiado ocupados celebrándonos a nosotros mismos y escuchando la misma cantinela que ya nos sabemos de memoria”.

La verdad es que se nota que los buenos de Johnson y Williams están al día, pero creo que se olvidan de un detalle, el mismo que suelen omitir los medios cuando hablan de los blogs y de la amenaza que les supone como competencia en el mundo de los informadores… Y es que no hay lectores para tanta producción doméstica.

Los de Technorati dicen que han contado 55 millones de blogs, cantidad que les obliga a pensar que “algunos de ellos tienen que ser buenos”. Bueno, es una lógica como otra cualquiera. Nosotros aplicamos una diferente, menos subjetiva: hay 55 millones de blogs, por lo que alguno tendrá que ser leído, ¿no? Y ese es el dato que de un modo u otro se omite en los artículos sobre el tema.

Pongamos un ejemplo. ¿Evitará el ruido creado por esos 55 millones de blogs que nos perdamos, como dice Williams, el siguiente gran libro? Nosotros creemos que no. Nos lo perderemos -si lo hacemos y si existe- por los mismos dos motivos tradicionales de siempre:

  1. No leeremos nada durante la semana que se publique y después ya habrá desaparecido de las estanterías de las librerías.
  2. Coincidirá con que sí nos haya dado por leer esa semana, pero no elegiremos la novela adecuada porque la información que leeremos para ello será inexacta y/o fatídica.

La pregunta es: ¿Leeremos la información del punto 2 en uno de los 55 millones de blogs que andan por ahí? Claro. ¿Tiraremos todos los blogs al aire y lo leeremos en uno cualquiera de ellos? Claro que no, que uno ya hace bastante sacrificio leyendo algo como para que encima sea un bodrio. Entonces, ¿lo leeremos en el mejor de ellos teniendo en cuenta la ocasión? Por supuestísimo que no porque no tengo ni la más pajorera idea de cuál puede ser y la cosa es leer una novela, no escribir un doctorado sobre la calidad de las publicaciones en internet. ¿Dónde lo buscaremos entonces? Pues en el mismo sitio de siempre. Es decir, quizá ahora en la pantalla y antes en el papel, quizá ahora sentado en tu sofá y antes de pies en un Vips, pero seguirá siendo la misma publicación, escrita por la misma gente y dirigida por esos que controlan qué páginas lees y cuáles no. Porque aunque parezca lo contrario (y ahora te lo tiene que parecer leyendo Inicios, no disimules), eso también se puede controlar. De hecho, es casi más sencillo que cuando nos comunicábamos a través del papel puesto que ahora todos pasamos por el mismo par de filtros (¡surprise, surprise!, que dirían Johnson y Williams).
La web es tan democrática como lo es toda la comunicación: puedes decir lo que quieras (si vives en un lugar en el que esta parte esté permitida, quede claro que nosotros no te estamos incitando), pero no te puede escuchar quien quieres. Eso nos convierte en los pardillos del año. Sí, ya sé, otra vez. Y a ti te convierte en una persona rara y/o despistada porque has llegado hasta este rincón, la web 55.000.001. Puedes saludar aquí abajo.

1 pensamiento en “¿Tú eres la persona del año? Pues estamos apañados…”

  1. VAya quilombo. Esto es muy largo, che, yo lo habría preferido resumido en tres o cuatro líneas. Con tantos millones de blogs en circulación, uno no puede leerse cosas tan largas.

    Salud.

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