Guernica

El cuadro de Guernica de Pablo Picasso

Como ya habréis leído, visto, oído… hoy se cumplen 70 años del bombardeo de Guernica, el que tiene el trágico honor de ser el primer bombardeo indiscriminado sobre civiles. La historia es como es y muy pocos años después los mismos que se habían llevado las manos a la cabeza por la masacre demostraban que era por envidia más que por terror y hacían lo propio sobre Alemania y Japón.

Las paradojas de la humanidad cantan más cuanto mayor es la perspectiva y parece que estos 70 años, cuando apenas quedan un par de centenas de supervivientes de aquel crimen, nos ha ido mejorando la nuestra sobre los sucesos de ese pasado. Lo que más me sorprendió al venirme a vivir a Alemania era la obsesión de los medios de aquí con el periodo nazi. No pasa un día sin que haya algún documental o película en la televisión, siempre puedes encontrar alguna exposición sobre el tema y se pueden llenar bibliotecas enteras con lo que se ha escrito sobre ese periodo. El contraste con España es muy claro: el famoso compromiso democrático por no remover la herida y el vivir en un estado de monarquía democrática prediseñado en gran parte por el propio dictador ha enterrado a muchos muertos en silencio (y a muchos vivos les ha permitido seguir dirigiendo el cotarro). Imagino que poco a poco eso tendrá que cambiar y espero que el arte siga aportando su granito de arena.

El cuadro de Pablo Picasso sobre el Guernica, encargo del gobierno republicano para el pabellón español de la Expo de París de 1937, es posiblemente el más famoso de los que retratan la tragedia de la guerra. He leído versiones diferentes de la historia, pero parece que Picasso ya estaba trabajando en él cuando ocurrió el bombardeo y que, tras ver algunas fotos de Guernica en el periódico Ce Soir que le servirían de inspiración, decidió bautizarlo con el nombre de esta ciudad. El bombardeo había sido un ataque directo al corazón de la república y del pueblo vasco (puesto que era en Guernica donde los señores vizcaínos firmaban sus fueros como símbolo de la libertad vasca: la elección del lugar no fue casual) y los nacionales se esforzaron posteriormente en acusar a los comunistas por aquella atrocidad, pero Picasso decidió centrarse en un aspecto diferente del suceso: en el dolor de la gente. Quizá por eso se trate de un símbolo universal de la paz y por eso lo podemos observar aún ahora perdiendo nuestros pensamientos en Yugoslavia, Irak, Afganistán…

Entre todas las cosas que se han podido leer hoy, ha habido una en la página de la BBC que me ha llamado especialmente la atención. Allí se comenta que “irónicamente para una ciudad casi completamente destruída por un conflicto armado, Guernica fue antes y después de la Guerra Civil un centro importante de producción de bombas y pistolas automáticas”. De nuevo, las paradojas de la humanidad. Parecemos cruelmente empeñados en reírnos de nosotros mismos. Al otro lado de la balanza están las obras como la que encabeza esta entrada -que nos recuerdan nuestros absurdos- y el hecho de que Guernica cuente ahora con el primer museo del estado español dedicado a la paz y se pueda visitar virtualmente.

Manuel Alcántara-Plá
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