Interrupciones artísticas en Noruega

Foto de El Turista de Baktruppen
Como ya sabéis los que nos conocéis desde hace algún tiempo, la institucionalización del arte es un tema que nos interesa bastante. Tenía mucho que ver con la convocatoria de Liberarte y lo tiene también con mucho de los artistas que tratamos de seguir desde aquí. Uno de los proyectos más interesantes que hemos encontrado sobre este tema es el de Artistic Interruptions – Art in Nordland, que se llevó a cabo desde el 2003 al 2005.

Nordland es un condado de unos 450 kilómetros de costa que se encuentra al norte de Noruega. El sitio carece de grandes núcleos de poblaciones, pero está salpicado de multitud de pequeñas poblaciones que suman en total unas 24.000 personas. El proyecto, dirigido por Per Gunnar Tverbakk, tuvo su origen en un problema relacionado con la institucionalización del arte y derivado de esas características demográficas. Las instituciones oficiales no pueden programar sus contenidos artísticos de la misma forma en una zona así que en una gran ciudad, donde todo tiende a centralizarse en los museos. Artistic Interruptions quería investigar sobre las relaciones que se podían entablar entre los artistas y esas comunidades de pescadores. La comunicación fue el concepto esencial que estuvo siempre sobre la mesa.

Durante aquellos años, diferentes artistas internacionales fueron invitados a realizar creaciones para ser expuestas en Nordland. Cada uno eligió el medio que creyó más adecuado y se crearon desde esculturas hasta productos multimedia y operaciones de activismo social. Las reacciones fueron variadas: algunos reconocieron que las manifestaciones artísticas los habían estimulado; otros demostraron su irritación.

Un ejemplo es la acción del grupo de performances Baktruppen, quienes llevaron a la comunidad de Lofoten en el verano de 2003 una gran escultura que simbolizaba -y representaba- a lo extranjero. La idea consistía en preguntar a la población a través de un referéndum qué opción preferían: quedarse con la escultura (la de la foto) o hundirla en el mar. Era lo que Baktruppen denominó “una ocasión única de controlar el medio que te rodea”. Nos podemos hacer una idea de las expectativas de Baktruppen si tenemos en cuenta que ya habían alquilado el barco. Sin embargo y para su sorpresa, un 95% de los votos fueron a favor de quedarse con la escultura. Eso sí, con un pequeño cambio: ya no sería lo extranjero, sino “El turista”.

Manuel Alcántara-Plá
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