La importancia de llamarse Ernesto

Valores de Julia

Probablemente no haya un título peor traducido que del que nos apropiamos hoy, pero viene muy al caso. Resulta que no sólo nuestro color de piel, nuestra cartilla del banco o nuestras creencias religiosas predeterminan la imagen que damos de cara al resto de la sociedad, sino que también nuestros nombres de pila toman parte en este absurdo juego. Al menos eso es lo que concluye un estudio hecho por el departamento de sicología de la Universidad Técnica de Chemnitz (Alemania), base de un gracioso reportaje del Süddeutsche Zeitung. Y no se refieren a que puedas dar peor imagen llamándote Mohammed que Charles (que es tan grave como esperable dentro de este maravilloso mundo en el que vivimos), sino que se han limitado a nombres tradicionales alemanes.

Parece que los nombres nos delatan en cuanto a cómo de atractivos (attraktiv), inteligentes (intelligent) y jóvenes (jung) somos. Si te llamas Anna, la mayoría de los alemanes tenderán a pensar que eres inteligente y atractiva, pero sin la frescura propia de la juventud. Si te llamas Dirk, será mejor que te cambies de nombre, a poder ser por el de Alexander. Pulsando en cualquiera de estos nombres, puedes ir recorriendo (nächstes/vorheriges Bild) hasta 60 nombres de hombres y mujeres. Ojalá tengas suerte. Por cierto, que los científicos del estudio aconsejan a los padres no dejarse llevar por las modas puesto que estos prejuicios varían con rapidez. Ellos recomiendan irse a los clásicos e infalibes: Alexander, Michael, Anna o Claudia.

Yo, para tomármelo con humor, he estado intentando imaginarme los valores de nuestros nombres, pero, la verdad, para mí requiere de demasiada creatividad. La noticia va derecha a la categoría de cajón de-sastre.

Manuel Alcántara-Plá
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