La moral del artista y la orquesta nazi

Imagen del cartel de la película Das Reichsorchester

Hace un par de semanas nos interrumpió un paseo el cartel que ves arriba. Se trataba de la película Das Reichsorchester (La orquesta imperial) de Enrique Sánchez Lansch (1963). Este director berlinés de adopción y gijonés de nacimiento ya nos tiene acostumbrados a immersiones musicales. No en vano es una parte importante de su formación, que incluye unos inicios como cantante de ópera. Pero el cartel prometía algo más que música (aunque esta ya hubiera sido suficiente para que nos hubiésemos deslizado al interior del cine).

La sala para nosotros solos, claro. La orquesta a la que hace referencia el título no es otra que la Orquesta filarmónica de Berlín, una de las más prestigiosas del planeta. Enrique Sánchez nos va mostrando los testimonios de quienes fueron intérpretes allí durante el ascenso nazi y la posterior guerra. Historias que los que hemos vivido en Alemania nos sabemos bastante bien pues es un país que -a diferencia de otros- se ha propuesto recordar aquellas culpas con obsesiva insistencia. Por eso no sorprende saber que en esos años se limpió la orquesta expulsando a los que tenían sangre judía. Tampoco las palabras de los supervivientes y de los familiares de los demás músicos negando que aquello fuera una orquesta nazi puesto que apenas cuatro o cinco músicos eran realmente fieles al partido nacional-socialista.

Sin embargo, la película deja claro que la orquesta fue un instrumento del nazismo. Algo así como la joya de un imperio expansivo que utilizaba su perfección para darse publicidad en París, Lisboa o Granada. No eran tiempos fáciles para nadie, ni tan siquiera para aquellos elegidos que, por su magia en la interpretación musical, estuvieron siempre exentos de participar directamente en las batallas. Alguno reconoce la vergüenza sentida en aquel momento por ser los únicos jóvenes civiles que quedaban en Berlín, pero también que su supervivencia dependió de la picardía de traerse un saco de café de su gira por Portugal. Un café que después canjearían por comida en un Berlín ya hambriento.

El empeño por negar la implicación nazi de la orquesta no sólo choca con la expulsión de los músicos judíos, con las giras propagandísticas en el extranjero o con sus conciertos para celebrar los cumpleaños del Führer. En los peores momentos, cuando la ciudad era reducida a escombros noche tras noche, la orquesta continuó tocando hasta el final como si de los músicos del Titanic se tratara. El régimen no se rinde, era lo que podía oír cualquiera en sus interpretaciones, a oscuras en alguna ocasión por la lluvia de bombas.

Los tres supervivientes y los descendientes de los demás lo tienen claro: por un lado, aquella era una situación privilegiada que les podía salvar la vida; por otro, lo único que les importaba como orquesta era que las interpretaciones fueran perfectas porque ése era su trabajo y su pasión. Ninguno parece sentir el menor resquicio de culpa ni ser realmente consciente de su importante papel en el imperio de Hitler y Goebbels. Su única culpa parece ser la de tener la virtud de la interpretación, virtud que les llevó a formar parte de la que se consideraba la mejor orquesta existente.

Como prueba de su no-nazismo, el primer paso que dio la orquesta una vez terminada la guerra fue expulsar a los pocos que realmente se habían involucrado con el movimiento (quienes, por cierto, encontraron trabajo en otras de las más prestigiosas orquestas alemanas), volver a aceptar todas las razas y creencias e interpretar autores rusos y judíos (prohibidos antes). Claro que eso era lo que les pedía el nuevo régimen, con lo que la orquesta volvía a seguir los dictados del poder del momento.

Me parece que es fácil de comprender tanto el comportamiento de quienes hicieron posible aquella orquesta imperial como el de sus descendientes, defensores ahora de la neutralidad política de sus padres. Sin embargo, la neutralidad política no puede existir si tanto las acciones como las inacciones tienen consecuencias políticas (aún más si cabe en circunstancias como aquellas y en una posición tan pública y simbólica). Arte y activismo, artista y moral, vida o muerte. Otros elegirían otras posiciones, pero esos no están aquí para contarnos sus experiencias.

Por cierto, que impresiona ver la sensibilidad de Goebbels y los demás altos cargos nazis ante las obras de Beethoven y Strauss. Aquel imperio bárbaro y asesino en el modo en que planteó las soluciones a los problemas del país tenía un aprecio admirable por el arte. Serán cosas mías, pero se me hace difícil imaginarme a los emperadores actuales fieles a su cita con la filarmónica…

Manuel Alcántara-Plá
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4 comentarios

  1. El nazismo tuvo sin duda muchas contradicciones. Sin embargo, considero que debe de ser muy difícil de rechazar una puerta abierta a la supervivencia, la moralidad en este caso está condicionada por el hambre, la guerra, … En esos casos, volvemos a ser los animales que somos…

  2. Las orquestas del nacional socialismo eran enormes, tenian muchos musicos.
    Sonaban de manera que podian pensar en utilizar recursos que otras orquestas no disponian.
    Tambien trabajaban con coros y esto ampliaba las cosas.
    Pero lo mas sorprendente es que ademas de la afinacion perfecta.
    La sincronizacion que tenian, de la manera en que todos los instrumentos iban respetando al director.
    No solo eran tan sorprendentes como ver marchando a un ejercito,o un reloj, si no que tambien hacian musica de la manera que nadie lo habia hecho en la historia.
    o que al menos las orquestas no habian llegado hasta entonces.
    Richard Wagner se quejaba de las orquestas de la epoca y exponia el bajo rendimiento de los musicos para la interpretacion de sus obras, que tampoco respetaban lo que el queria decir.
    El nacional socialismo no solo expuso toda la escuela alemana como nunca, si no que tambien tenia todo un exelente metodo de enseñanza para el desarrollo de musicos y artistas.
    Recordemos que el Führer siempre se intereso por el arte, como todos los nacional socialistas, y apreciaban no solo la musica, si no todas las artes, arquitectura, escultura, pintura,literatura,o sea, las bellas artes.
    A quien le puede importar las historias de aspecto politico sobre la orquesta de berlin, o quien puede creer que las preocupaciones deban pasar por eso.
    Acaso alguien puede estar en contra del arte y la cultura nacional socialista.
    Acaso alguien puede despreciar ese arte por prejuicios o ideologias politicas mal llevadas con pensamientos distorsionados.
    El nacional socialismo fue uno de los pocos movimientos revolucionarios politicos que tuvo exito y trajo su proyeccion en el arte.
    Ya que pareciese que para otros movimientos, el arte no tubiese ideales.
    Por eso no creen en nada, y por eso estan faltos de fe.
    Por eso las orquestas nacional socialistas fueron lo que fueron y eran un culto para el mundo.
    Un ejemplo a seguir, como el nacional socialismo.
    Mas bien el sentido comun de los que tienen buen gusto para el arte.

  3. anonimo, muchas gracias por tu comentario. Me ha parecido interesante, pero también sorprendente en un par de afirmaciones. Por un lado, no entiendo en qué sentido se puede aseverar que el nazismo tuvo éxito. Tampoco estoy seguro de que existan movimientos para los que el arte no tenga ideales. Obviamente no los comparten con el nazismo siempre, pero eso no significa que no los tengan…

    Un saludo,

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