Las siete nuevas maravillas del mundo y la memoria histórica

La gran muralla china

No me he vuelto loco… o, al menos, no más loco. Dejad que me explique. Imagino que habrá llegado hasta vosotros la noticia de que la fundación NewOpenWorld está realizando una votación popular a escala mundial para renovar la lista de las siete maravillas del mundo. La lista original contenía aquellos lugares que los helenos consideraban visitas obligadas para el buen turista cultural. Por desgracia, sólo nos queda de ellos la pirámide de Giza. En el momento en que escribo esto, las 10 maravillas destacadas son la Acrópolis, Chichen Itza, el Coliseo (Anfiteatro Flavio), la Torre Eiffel, la Gran muralla china, Machu Pichu, Petra, las estatuas de la isla de Pascua, Stonehenge y el Taj Mahal. Pero también hay otras como la Alhambra, Angkor o la Estatua de la libertad. Ésta última ha desenterrado una discusión antigua sobre, nada más y nada menos, la Cruz de los caídos. Que no se me asuste nadie, que voy a la explicación.

Comparar como obra artística y monumental la obra del Valle de los caídos de San Lorenzo de el Escorial con, por ejemplo, la Estatua de la libertad de Nueva York es como comparar nuestro apartamento con el del príncipe. Sinceramente, no hay color. La estatua neoyorkina, diseñada por Frederic August Bartholdi representando a la Marianne, emblema de la república francesa, mide 46 metros y pesa 225 toneladas. La Cruz del Valle de los caídos, diseñada por Pedro Muguruza y Diego Méndez, mide 150 metros de alto y sus brazos miden, para hacernos una mejor idea, exactamente lo mismo que la Estatua de la libertad de alto. En el primer basamento, a 25 metros de altura, se encuentran los cuatro evangelistas realizados por Juan de Ávalos, acompañados en el segundo basamento por las cuatro virtudes cardinales. Debajo de la cruz y horadada en la montaña se encuentra la segunda basílica más grande del mundo, de 262 metros de longitud, a la que se entra desde una enorme explanada. La realización de la obra duró casi dos décadas.

Todos sabemos los motivos de la popularidad de la primera y del desconocimiento de la segunda. A mí mismo me parecería una barbaridad que alguien planteara la Cruz como una de las maravillas del mundo. Sin embargo, esto no quita para que reconozca que, como maravilla, es claramente más impresionante que muchas de las propuestas. De hecho, más que por su belleza, la mayoría de las maravillas parecen elegidas por su espectacularidad. ¿Es más bella la Gran muralla china que, por ejemplo, la catedral de Estrasburgo? Las obras espectaculares del pasado comparten otras características con el Valle de los caídos: fueron hechas por el capricho de los gobernantes y sus delirios de grandeza y le costaron la vida a mucha de la gente que las hicieron posibles.

A estas alturas te estarás preguntando a dónde quiero llegar a parar. Simplemente estoy proponiendo algunas preguntas aprovechando la nueva selección de maravillas del mundo. En especial, ¿se puede valorar una obra de arte descontextualizándola de lo que supuso su realización y de cuál fue su significado original? Y todo el rollo anterior se justifica para poder pedir una respuesta que se aplique tanto a la pirámide de Giza, fuera de la nueva votación por considerarla con méritos para ser maravilla sin necesidad de ella, como a la Cruz de los caídos.

NOTA FINAL: esto no pretende ser una apología de la Cruz de los caídos ni de nada de lo que se relaciona con ella. Como sabrán quienes estén suscritos a este blog o lo lean con cierta frecuencia, esta entrada se enmarca en el interés principal de este blog: las relaciones entre el arte y los aspectos sociales. Me justifico porque soy consciente de que es un tema que nos toca a todos la fibra sensible…

Manuel Alcántara-Plá
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3 comentarios

  1. Lo de elegir las nuevas maravillas del mundo por votación popular es un engaño. Porque la gente vota lo que conoce. ¿Y qué es lo que conoce? O lo que ha visitado o lo que sale por la tele. Con lo cuál ahí tenemos a la Torre Eifel en lugar de la Alhambra o Petra o cosas asín… Tsk.

  2. Muy buena reflexión.
    Y esa misma reflexión podría aplicarse a la literatura: puede una novela descontextualizarse del momento en el que fue escrito y la ideología de su autor respecto a la historia de su tiempo?

  3. sí, la verdad es que yo incluyo de por sí a la literatura con las demás artes (no sé si hago bien).

    la verdad es que es un tema espinoso. yo mismo tengo un grave problema a la hora de leer algo de un autor que no me cae simpático por algún motivo (por ejemplo ideológico). sin embargo, creo que se puede separar el considerar que algo es de tu gusto de considerar que es de calidad. pero somos humanos y, a la hora de juzgar, eso se nota…

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