Mujeres en el arte del siglo XXI (I)

Imagen del retrato de Parker Posey por Jason Mecier

Uno de esos temas eternos y siempre de moda…, pero no puedo evitar pensar cuando paseo por la blogosfera que quizá convenga recordar algunos de sus aspectos. Lo voy a dividir en dos entradas para no mezclar perspectivas diferentes. Esta primera me gustaría dedicársela a la mujer como tema artístico y también -inevitablemente- como fuente de inspiración. Adelantándome un poco a la segunda entrada, diré la obviedad de que la mayoría de los artistas que han encontrado su hueco en la historia del arte han sido hombres, pero también habría que decir que este dato no parece ser un factor tan determinante en el tema que nos ocupa. Posiblemente esto se deba de todas formas a la figura de la feminidad que han conformado las culturas dominantes a lo largo de los siglos, esa figura sensible y frágil. Durante siglos, representar la belleza y retratar a una mujer han sido dos acciones inseparables salvo curiosas excepciones que incluyen tanto la representación de la fealdad femenina (se me vienen a la cabeza unos cuantos ejemplos del Barroco) como la de la belleza masculina (los ejemplos más clásicos del Renacimiento), pero siempre en una proporción marginal.

Nos podemos preguntar cómo es esta proporción en el arte del siglo XXI, un siglo XXI en el que habitualmente se utiliza la belleza femenina como el mayor de los cebos comerciales. No sé si sorprendentemente o no (allá cada uno con su pesi-/opti-mismo), pero lo cierto es que la temática femenina sigue siendo en muchos casos la misma que hace quinientos -y mil y dos mil- años. No sólo en Occidente y no sólo por artistas masculinos (si no, véase el éxito de artistas como Audrey Kawasaki).

Esta imagen de la feminidad que se da a menudo en el arte contemporáneo ha llevado a reacciones como la de la exposición Kiss Kiss Bang Bang (del Museo de Bellas Artes y Arte Moderno de Bilbao) que incluye el iluminador Manifiesto Ciberfeminista para el Siglo XXI de VNS Matriz (1991):

Somos el coño moderno
la anti-razón positiva
infinito liberado implacable
vemos el arte con nuestro coño
hacemos nuestro arte con nuestro coño
creemos en el goce la locura la santidad y la poesía
somos el virus del nuevo desorden mundial
rompiendo lo simbólico desde dentro
saboteaores del ordenador central del gran papá
el clítoris es una línea directa a la matriz
VNS MATRIX
exterminadoras de los códigos morales
mercenarias del fango
nos follamos el altar de lo abyecto
sondeando el templo visceral hablamos en lenguas
infiltrando trastocando diseminando
corrompiendo el discurso
somos el coño del futuro

La representación tópica de la mujer como portadora de la belleza y como fuente de atracción hacia la obra alcanza a todas las artes desde el cómic (maravillosa la recopilación de Enkil, un blog siempre recomendable) hasta el más sofisticado de cuadros como -por ejemplo- la obra de la imagen que hemos elegido. Se trata del retrato de la actriz Parker Posey realizado por Jason Mercier a su más puro estilo: utilizando objetos pertenecientes a la retratada que ella misma dona para la creación. Tanto el tipo de mujer como los objetos que aparecen son dos elecciones claras en este sentido.

He dicho que la mujer es cebo preferido del comercio, de nuevo tanto para venderle algo al público masculino como para vendérselo al femenino. Entonces ¿el arte no hace más que reflejar la realidad de la sociedad en la que se produce? Más que probablemente, pero hay otra duda que me parece más interesante: ¿tiene valor un arte que se sustenta en las mismas virtudes que el resto de la imaginería que nos rodea?

Continuará… (si te interesa, ya puedes leer la 2 parte!)

Manuel Alcántara-Plá
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5 comentarios

  1. Muy interesante, me ha gustado mucho el manifiesto ciberfeminista. Lamentablemente me perdí la exposición del museo de bellas artes…

    de paso, felicidades por el blog, es muy interesante.

  2. muchas gracias, hans. no me queda más remedio que devolverte las felicitaciones: muy interesante -y divertido- tu blog. además, siempre reconforta encontrarse con otros toxicómanos aunque sea en el ciberespacio 😉

    un saludo,

  3. Está muy bien el post. Quizá solo conocemos artistas masculinos en la Historia del Arte porque la historiografía la han construido, principalmente, hombres. Igualmente la identificación de las mujeres con lo “frágil” y lo “delicado” que, también bajo la perspectiva de esa historiografía, solo se han dedicado a las llamadas “artes menores” y a pintar cosas amables y bonitas: frutas, flores y niños.
    Está muy bien (pese a sus años) el artículo de Linda Nochlin interrogándose sobre las razones de la ¿inexistencia? de mujeres artistas.

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