Adivinación (a Raúl Brasca)

Los antiguos salvajes, afirma Montaigne, poseían sacerdotes adivinos que les vaticinaban el futuro. Como la adivinación se consideraba un don de los dioses, era inexcusable que el oráculo no se cumpliera y, si los hechos desmentían al profeta, la tribu lo cortaba en pedazos.

Uno de aquellos sacerdotes vio tan nítida en sus sueños la muerte de los más jóvenes del reino que se atrevió a anunciarla. Como no ocurrió, mandaron matarlo.

Su sucesor despertó poco después con los sudores de haber presenciado el mismo sueño y, fiel a su obligación sagrada, se atrevió a anunciarlo. Como no ocurría, los mandó matar.

Manuel Alcántara-Plá
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