BILL HICKS: EL HUMOR PUEDE NO SER DULCE

Últimamente me persigue un tema: el humor dulzón. ¿Por qué son tan blanditos los humoristas de ahora? Alguna vez se atreven a decir “caca culo pedo pis” y nos reímos del atrevimiento. Con los políticos, los líderes religiosos y los traumas que tenemos, ¿no hay nada más gracioso con lo que hacer sangre? Y hablo a nivel internacional, pero creo que el efecto Disney es especialmente grave por estas tierras. Aquí no parece que se le den oportunidades a las salidas de tono, ni tan siquiera a las impostadas a lo Larry David.

Las discusiones al respecto han terminado con un nombre: Bill Hicks. ¡Si el bueno de William levantara la cabeza! Y ayer pude al fin revisitar alguno de sus monólogos. Sí: se puede hacer gracia tocando las narices. De hecho, es sano. Diría más, creo que debería ser la función primordial del humor. Si no, se queda la cosa un poco hueca, ¿no?

Bill Hicks fue censurado en alguna ocasión, odiado bastantes más y disfrutaba como un loco provocando ese tipo de sentimientos en su público. Desgraciadamente falleció cuando sólo tenía treinta y dos años de cáncer, hace ya quince.

Queridos jóvenes humoristas, leña al mono (que es de goma).

Manuel Alcántara-Plá
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