Cierre de la sala El canto de la cabra (y el apoyo institucional al arte en Madrid)

Parece que están volviendo los tiempos de cierre de teatros -por motivos bastante diversos- en Madrid. Ayer me llegó (¡gracias Betsa!) la nota con la que Elisa Gálvez y Juan Úbeda dan por cerrado el proyecto de El canto de la cabra, uno de esos pocos espacios en los que el arte y la cultura intentaban mantener su independencia. Me ha parecido que, dentro de la rabia y de la tristeza que se siente en sus palabras por un final que parecen no comprender, hay bastantes pistas interesantes para entender cómo es posible que una ciudad como Madrid no sea capaz de mantener vivos este tipo de sueños.

Cerrar un teatro es algo muy difícil. Haber dedicado dieciocho años a este proyecto y cerrarlo es algo muy difícil. Es increíble que un teatro tan pequeño en un ciudad tan grande haya activado la escena de la manera que lo ha hecho. Es lamentable que un proyecto como éste, cuyo fin era mantener un espacio, un lugar donde la escena contemporánea y la experiencia artística pudieran manifestarse, no haya tenido el apoyo suficiente para crecer. Pero lo más inverosímil y lo más lamentable es que durante todos estos años, un teatro sin dinero para programar con un total de ciento sesenta metros para todo y un aforo para sesenta espectadores, haya sido casi exclusivamente el único espacio para las artes escénicas no convencionales en Madrid.

Se ha hablado de nuestro cansancio, de nuestro agotamiento. No es que lo vayamos a desmentir, pero ciertamente no es motivo suficiente, ni mucho menos. Sabemos bien lo que significan estas palabras y no es cansancio ni agotamiento lo que nos ha llevado a tomar esta decisión.

Era importante para nosotros anticiparnos a la tragedia. Cerrar el teatro antes de su derrumbe, cerrar el teatro antes de que aquello no tuviera razón de ser.

En nuestra última obra estrenada “ Trece años sin aceitunas” nos estábamos despidiendo de El Canto de la Cabra como Sala de Teatro. Luego hicimos un epílogo donde hablábamos de las alucinaciones. Después sólo nos quedaba ser consecuentes. Tal vez todo sea eso, otra de nuestras alucinaciones, quién sabe.

Hace unos años escribíamos en el propio programa de la Sala que no teníamos muy claro si nos daban por muertos o nos daban o por culo. Ambas cosas, nos dieron por muertos y nos dieron por culo. Y cuando decimos esto no estamos hablando únicamente de nosotros, estamos hablando de muchos otros, de varias generaciones de artistas ignorados simplemente por nuestra manera de entender el teatro.

Este cierre tiene algo de desesperación, algo de renovación y mucho de: señores de la administración, gestores culturales, consejeros, programadores… hagan su trabajo. Es imposible llevar a cabo políticas culturales en una comunidad ignorando o dando la espalda a la evolución artística que se está desarrollando en esa comunidad. La programación en nuestra sala ha sido excelente, a casi ninguno de ustedes les ha interesado nada.

Ahora la sala ya no importa, no existe, lo importante no es el cierre, hemos hecho en este espacio todo lo que podíamos hacer, lo importante es justamente eso, lo hecho, lo que existe, lo que hemos podido hacer y lo que podría ser posible seguir haciendo si los medios con los que cuenta la administración se dedicaran a ello en lugar de tanta cabalgata nocturna, tantas inauguraciones, tantos canapés y tanto usar la creación contemporánea únicamente como eslogan para “sus” grandes centros.

Seguiremos mostrando nuestro trabajo en otros teatros, en otros espacios, nos gustaría trabajar en Madrid, desarrollar nuestra obra en Madrid, pero si la cosa no cambia tendremos que continuar buscando otros lugares, tendremos que abandonar la ciudad y tendremos que seguir preguntando ¿por qué?

Con la desaparición de este espacio desaparece para muchos un lugar compartido durante años, noches memorables, noches de calor, emociones a veces rotas, imágenes nunca grabadas y mucho contacto humano. A todos vosotros os queremos decir que nosotros también estamos jodidos con este cierre, y con esta ciudad que odiamos y amamos mucho, y con los reyes magos que ya han sucedido parece ser que de nuevo en el mismo sitio.

Y ahora que todo esto ha terminado…

Queremos dar las gracias a todos los que han contribuido a que El Canto de la Cabra haya sido un placer. Este proyecto ha sido para nosotros una fuente continua de conocimiento y sabiduría.

Queremos también dar las gracias a las compañías, colectivos, artistas, espacios, teatros, salas, festivales… a todos los que trabajan para que el arte escénico pueda progresar.

Tenemos conversaciones a diario con nosotros mismos, conversaciones en las que nos preguntamos como nos encontramos en nuestro estado actual, carentes de Sala, abandonados al azar, pero de momento sólo nos lo preguntamos.

Si no pasa nada más que las cuatro notas de prensa y los inevitables rumores y chismes de bar tendremos motivos para saber que el cierre era inevitable y si pasa, bueno, si pasa algo, lo que sea, algo, un movimiento, algo que se detiene, alguien que recapacita, una brecha que se abre, además de inevitable habrá servido para algo.

Elisa Gálvez y Juan Úbeda. (15 de enero de 2009)

Manuel Alcántara-Plá
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