El beso

La princesa se pegaba con las sábanas sin encontrarle apellido al beso de aquella tarde. En el caos de la locura: de insatisfacción, de pasión, de Judas. No le podía dar un calificativo adecuado que registrara el evento en su diario rosado. Revisó su diccionario real y le consultó a su tutora de materias musicales. Cuando se volvió a cruzar con el cocinero en un descuido milimetrado, se lo preguntó directamente a él pluma en mano.

“Gastronómico”, contestó sorprendido.

Manuel Alcántara-Plá
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