El encuentro

Se veían todas las mañanas a la altura del cruce de la calle de Atocha con la calle de León. Lo más seguro es que ninguno de los dos recordara desde cuándo se oponían allí sus caminos.

Lo que sí recordaban era la primera vez que se habían besado. Habían pasado ya los días opacos de hojas oscuras y viento desapacible. Las ropas habían ido engordando y ahora apenas se reconocían las caras bajo las capas de plumas y algodón. Compartían acera por un segundo como cada día. Por no perder las buenas costumbres, intercambiaron una mirada blanca y, sin saber muy bien cómo, se produjo aquel beso que se repetiría después cada mañana. Al principio lo esperaron con incertidumbre y después con las expectativas en carne viva. Pronto se convirtió en el eslabón más dulce de sus rutinas.

Manuel Alcántara-Plá
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4 comentarios

  1. que bonito manu diria que estas enamorado pero conociendote diria que eres un romanticón, es muy dulce y tierno como un bizcochito mañanero, mojalo siempre que puedas en la leche calentita

  2. Estoy sorprendida. No esperaba encontrar ternura entre el pegajoso amor cyborg y los cantos de las sirenas. Muy lindo 🙂

  3. Me encanto.
    Ese beso nacido casi como compromiso rutinario se transformo en el contacto dulce y necesario.Una inyeccion de sentimientos y tibieza matutina que alimenta,a traves de la piel.
    Felicitaciones

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