Honesto y las sirenas

A donde pertenecía Honesto, cada cual sabía que acercarse al arrecife del norte era dejarse saltar al vacío. Allí, después de los campos del Aurelio y de las cabras de la Benigna, que eran quienes vivían más próximos al riesgo, aguardaban el mar, las sirenas y el origen de las tragedias.

A donde pertenecía Honesto, la mitología giraba alrededor de los pulmones encharcados en sal. Los niños abrían los ojos a la oscuridad de la vida con los relatos de las náyades implacables y los cantos de amor más hiperbólicos comparaban las penas de los amantes con las de quienes habían quedado en tierra amando a los ahogados por el canto oceánico.

A donde pertenecía Honesto, sólo él vivía con el alma plana para las ángeles del agua. Quienes le rodeaban solían gustarse exagerando las virtudes y los peligros de aquellos seres fantásticos cuando les inspiraba el alcohol. También solían frustrarse al ver que él no entraba en el juego y que lo mismo le daba una sirena que un balón de rugby.

Cuando se lo reprochaban recordándole sus bellezas y poderes hipnóticos, contestaba siempre como si con él no fuera la cosa: “¡Para lo que les sirve!”.

(En respuesta a la sirena honesta).

Manuel Alcántara-Plá
Más información sobre mi trabajo en Info / You can find information about me in this page. Actualizaciones / Keep updated: RSS- Email subscription

3 comentarios

  1. Me atraparon las metaforas y las comparaciones que se utilizan para resaltar la indiferencia de Honesto ante la fantasia a la cual se aferran los lugareños
    Muy bueno

  2. Respuesta a Honesto y las sirenas: “Mi coral número 29”

    Puedo confirmar lo que decían muchos, que a Honesto no había forma de que le saltara el corazón o los ojos acantilado abajo en busca de las sirenas que enredaban a los demás en sus cantos líquidos y los convertían en dulces anémonas, en garbosos caballitos de mar, en curiosos peces payaso o en otros seres marinos. Y, sin embargo, a mí aquella noche no pudo resistírseme, quizá porque estaba desprevenido cuando rompí a cantar en suenos con una cremosa lengua acuática que bien hubiera podido ser de sirena. O quizá sencillamente porque lo único que protegía a Honesto frente al canto de sirenas era lo delicado de su olfato, sobre todo si llevaban ya un rato fuera del agua.

    (Srry, no he podido resistirme)

Responder a yo Cancelar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: