Bautismo

Su cuerpo deambuló por los bosques cercanos a la aldea durante todo el período de iniciación. Como le habían enseñado, ocupó su mente en las preocupaciones de los sentidos, que evitaron que tuviera contacto con otras de su especie.

Se licuó el tiempo y dejaron de tener sentido las lunas y las hambres. Dejó de reconocerse en sus propios sueños. Dormía mientras brazos, corazón y piernas mordían las tripas de los árboles y de las bestias.

Hasta que ya no fue así. Volvió a casa. Buscó a la maestra. Recuperó la lengua y expresó su queja. Había sido obediente. Había rayado las profecías. La transformación no había tenido lugar.

‘Ha ocurrido’, le dijo la vieja. ‘Ahora tienes que aprender a reconocerla.’

Manuel Alcántara-Plá
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