Al otro lado del Mediterráneo

No sé a ti, pero a mí me deja en un estado de desasosiego profundo lo que ocurre al otro lado del Mediterráneo. No porque no me alegre de que caigan quienes están cayendo. Creo que es más bien porque mi escepticismo político ya es patológico. Tengo la suerte de no votar porque, si lo hiciera y alguna vez -muy improbable- ganara el partido al que yo le diera mi voto, dejaría de confiar en mí mismo para el resto de mis días. Por eso siento que me alegro de lo que sucede en Túnez, Egipto… Pero con cierta incredulidad. Y es que ya está un presidente estadounidense diciendo a un antiguo amante que es muy malo, que se vaya ya. Ese tipo de cosas que quizá hagan los estrategas sólo para desconcertarme. Y ya está el gobierno palestino con el temor de que la cosa se extienda. Qué raros son los gobiernos cuando dicen que temen.

Estando así las cosas y yo por contagio, sólo me queda refugiarme en momentos como los de arriba y apoyar a quienes andan por aquellas calles gritando lo que sienten que deben gritar. Y que si tiene que haber sangre, que sea de pocos, que luce más ver la cabeza de un símbolo rodando que millones de las normales.

En el vídeo comienza el tunecino Smadj y le sigue el libanés Ibrahim Maalouf (de los Maalouf exiliados en París: como sus padres, los músicos Nassim y Nada, o su tío el escritor Amin, que nos explicó una vez aquí por qué necesitamos la cultura). A la percusión está el también joven -y virtuoso- Alok Verma.

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