Hasta aquí hemos llegado

Cartel de Democracia Real Ya en Granada
Cartel de Democracia Real Ya en Granada

Es curioso que un movimiento que exige una democracia real en un país que se hace llamar democrático desde hace más de treinta años no parezca sorprenderle a nadie. Es como si todo el mundo lo hubiera estado esperando desde hace tiempo. Me pregunto si será así, si los que lo esperábamos seremos ahora capaces unos de actuar en consecuencia y otros de pararlo con las estrategias que hayan anticipado. ¿O será sólo que nos avergüenza que la realidad nos sorprenda?

Al Partido Socialista la democracia española y continental le debe algo muy importante. Nos ha dado una lección que otras democracias más maduras en este sentido, como la inglesa, conocen desde hace mucho tiempo. Nos han explicado que la economía, la sociedad y la moral son tres cosas diferentes. Se podría decir más: son como el agua y el aceite. Es uno de los motivos de que el discurso rancio de los políticos patrios, acusando a la Derecha o a la Izquierda de todos los males, nos suene ajeno. Políticos como los del Partido Popular o Convergència y Unió nos confirman desde siempre algo que ya sabíamos: que se puede ser liberal en lo económico y conservador en lo demás. Si lo pensamos, es llamativo que esto lo aprendiésemos tan rápido viniendo de un régimen que unía lo anti-liberal en todos los ámbitos como si fuera la única receta posible. El PSOE lleva el mismo tiempo mostrándonos que se puede ser liberal en lo económico y -hasta cierto punto- en lo social, pero nos ha costado entender esta conjunción de elementos, quizá confundidos por esa “S” y esa “O” de sus siglas. Sin embargo, no hace falta mucha hemeroteca para aceptar que el PSOE siempre ha apoyado a la banca a la vez que se mostraba más abierto que el PP en temas sociales.

Es decir, que tenemos unas leyes electorales que nos permiten elegir en lo económico entre quienes apoyan a la banca o entre quienes apoyan a la banca. La crisis actual ha puesto más que nunca a esta última en el punto de mira con lo que el fraude de nuestra democracia se ha hecho aún más evidente. De ahí que sea normal la exigencia con la que abría estas líneas: queremos una democracia real ya. Queremos poder elegir otros modelos económicos y sociales.

Los partidos comúnmente llamados de “Izquierda” (los que son liberales socialmente, pero no económicamente) deberían salir beneficiados de esta circunstancia, pero todos ellos, Izquierda Unida a la cabeza, deberían tomar nota de lo que muchos estamos diciendo: queremos una política que se nutra de nuestra realidad, no de la realidad virtual de los fondos de inversión; queremos, en definitiva, ser representados.

Espero que los votos del domingo no lo sean de castigo. Sería continuar dentro de la misma rueda. Los votos deberían mirar a un futuro que deseamos distinto, olvidando un pasado triste que tiene nombres y apellidos (y logos y eslóganes) que merecen ser olvidados. Serán votos contra la inercia que los medios de comunicación y las leyes han mantenido en perjuicio de nuestras vidas. Votos de reflexión verdadera y, sobre todo, de legitimación de nuestra entidad como personas independientes capaces de elegir por el bien de todos. Hasta aquí hemos llegado. Queremos cambios de verdad.

(El cartel de arriba es de la manifestación del día 15 en Granada).

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