Adivina

Le coge la mano por la muñeca para girarla boca arriba, pero no ve nada. Toma aire invocando las tradiciones mágicas del principio de los tiempos, la vuelve a coger, concentra la mirada. Nada: La negrura sola. Roza la palma con su otra mano como si quisiera hacer brotar las visiones o retirar el polvo. Sujeta la muñeca más firmemente, mira el techo oscuro y baja la vista con lentitud intentando anticipar lo que debería aparecer ante ella. Noche nublada; vacío. Suelta la mano, que ya no tiene pulso.

Manuel Alcántara-Plá
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