Cursos universitarios online y gratuitos

Salman Khan y Bill Gates en una sesión TED
Salman Khan y Bill Gates en una sesión TED (foto de Steve Jurvetson, pulsa para ver el vídeo)

Desde los EEUU

Algunas de las universidades más importantes del mundo anglosajón han realizado un movimiento interesante en los últimos meses: ofrecen buena parte de sus contenidos en Internet de manera gratuita. Seguro que ha tenido mucho que ver en ello el increíble éxito de la Khan Academy, a cuyo fundador puedes escuchar hablando de su proyecto pulsando en la imagen de arriba. La apuesta merece ser analizada con cierto detalle ya que son algunas de las instituciones más prestigiosas (encabezan todos los rankings) y también algunas de las más caras.

Las dos iniciativas más llamativas, por quienes hay detrás de ellas, son Coursera y edX. Coursera, impulsada por la Stanford University, ya ofreció asignaturas en el último curso, pero comienza el 2012-2013 con una espectacular incorporación en la que suma doce universidades estadounidenses, británicas y una suiza (nada más y nada menos que Princeton, University of Michigan, University of California, Berkeley, University of Pennsylvania, California Institute of Technology, Johns Hopkins University, San Francisco, Edinburgh University y, la única excepción no anglófona, el École Polytechnique Fédérale de Lausanne). edX también es una interesante unión de fuerzas: a los cursos ofrecidos hasta ahora por el Massachusetts Institute of Technology en la plataforma MITx, se unen a partir de este curso los ofrecidos por sus vecinos de Harvard University.

Gratuitos, para todos y con diplomas

La filosofía que hay detrás de estos proyectos es permitir a cualquier persona el acceso a sus cursos independientemente del lugar del mundo en que se encuentre y de sus ingresos económicos. El mayor responsable del MITx, W. Eric L. Grimson, nos lo explicó en una charla reciente de un modo muy bostoniano. Si una persona es capaz intelectualmente de realizar un curso del MIT, no debería tener ningún otro obstáculo para realizarlo. Lo contrario es desaprovechar potencial humano.
Cualquiera puede ver los contenidos, pero estas plataformas aspiran también a otorgar diplomas a aquellos que se matriculen en sus cursos online y pasen las evaluaciones. De momento, apuestan por un modelo entre la gratuidad y precios muy populares, estudiando adaptarlos a las realidades económicas de cada región. Parece claro que su objetivo actual es extenderse lo más rápido posible. Huelga decir que el diploma obtenido, por ejemplo, con un curso de edX no será el mismo que obtiene un estudiante presencial de Harvard, pero sí tendrá esa institución como garantía.

La parte presencial

La ambición de estos proyectos no es poca ya que asumen que lo lógico es que se utilicen como base de los cursos de gran parte de las universidades presenciales que hay alrededor del globo. Parten de la idea de que cuentan con el profesorado de mayor prestigio (algo redundante: al fin y al cabo ellos son quienes imponen el canon de ese prestigio) y de que ello es garantía de unos contenidos de la mayor calidad. Sin embargo, la apuesta no es sustituir la parte presencial, sino que ese tiempo se pueda dedicar a otros aspectos, especialmente a la aplicación de esos contenidos. Claramente el planteamiento que hay detrás está relacionado con el modelo de la clase invertida o flip classroom, al que le dedicaré un espacio aquí en breve y que se está imponiendo poco a poco en esas instituciones. Otra parte fundamental que le quedará al docente será la adaptación de esos contenidos a las necesidades específicas de su contexto.

Una herramienta más

Personalmente creo que las expectativas de los impulsores son muy optimistas en algunos aspectos, sobre todo en lo relacionado con su implantación en la docencia presencial. Ya se sabe que cada maestrillo tiene su librillo… Sí veo factible que estos cursos se convierta en una competencia fuertísima en el mercado no presencial. ¿Quién no querría un diploma expedido por el MIT acreditándole tener conocimientos técnicos? Veremos si, como ellos advierten, conseguirlo será una tarea complicada por el reto intelectual o su profusión termina por devaluar su sello, que es un riesgo que yo tendría en consideración. También lo veo como un recurso valiosísimo que los docentes pueden utilizar puntualmente o como refuerzo, al modo en que utilizamos ahora las obras de referencia y los manuales de ejercicios.
Por último, me pregunto si otras instituciones seguirán el ejemplo y abrirán sus contenidos al mundo. Imitar a los más prestigiosos es normal, pero no siempre es sencillo y, en este caso, requiere todo un cambio cultural del modo de entender la ciencia y la academia en nuestros centros. Sería un cambio sano y bueno a largo plazo, pero veremos qué nos cuenta el futuro…

 

Manuel Alcántara-Plá
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