Lo que nos motiva

Drive de Daniel Pink

Drive de Dan Pink es uno de los libros más influyentes sobre educación de los que se exponen en las librerías. El tema que trata es la motivación: ¿qué nos mueve a hacer cosas en la sociedad actual? Lo que expone es una actualización de las teorías clásicas sobre el refuerzo (negativo para evitar un comportamiento y positivo para estimularlo) que nos debería hacer replantearnos algunos aspectos sobre cómo damos clase y evaluamos..

Intuiciones erróneas

Lo más interesante para mí es que nos muestra que algunos de los presupuestos sobre los que trabajamos, que incluso nos parecen de sentido común, son erróneos. El caso más claro tiene que ver precisamente con el refuerzo positivo. La teoría del trabajo sobre la que se fundamentan nuestras economías parte de la utópica idea de que cuanto más -y mejor- se trabaja, mayor es la recompensa económica. Lo mismo podemos decir de nuestra docencia si cambiamos el dinero por las puntuaciones de las notas; también con dinero si pensamos en cómo se justifica que una primera matrícula cueste mucho más que una segunda (y que una matrícula de honor exima del pago). Resulta que esta motivación sólo funciona en trabajos mecánicos, lo que quizá explique que lo lleve haciendo en algunas aulas desde tiempos inmemoriales. El problema es que nosotros queremos estudiantes creativos e innovadores, ¿no? Pues bien, ahora que no nos escuchan nuestros jefes, parece que en ese ámbito las recompensas excesivas son contraproducentes. Lo más eficaz es que haya un pago suficiente para que no sea una preocupación, pero no más.

La motivación en el aula

Dan Pink resume lo que sí nos motiva en la realización de trabajos complejos en tres puntos:

  • El deseo de ser independientes. Tanto el modo en que diseñamos mucha de nuestra docencia como la forma en que están diseñadas las empresas choca frontalmente con este deseo de autonomía. El ejemplo del mundo empresarial más citado que sí lo fomenta es Google, empresa que “cede” parte del tiempo que les paga a sus trabajadores a estos para que desarrollen lo que quieran. Mi experiencia me dice que este es un tema altamente delicado en el aula, sobre todo en los niveles iniciales. Cuanta mayor autonomía les damos a los estudiantes, mayor es el riesgo de que tengan la sensación de que no estamos realizando nuestro trabajo. El modelo tradicional de clase es muy fácil de fiscalizar, también por ellos. Es tan sencillo como contar el número de hojas que toman de apuntes por clase. Sin embargo, un modelo más participativo baja inevitablemente esos números y, en cualquier caso, los hace depender en gran parte del criterio del alumnado.
  • El deseo de dominar el tema. Si lo pensamos, es uno de los impulsos más claros en nuestros hobbies. Cuando practicamos deportes, aunque no lo hagamos profesionalmente, intentamos mejorar: aguantar un poco más corriendo, realizar tiros más afinados, perfeccionar nuestros movimientos… Cuando hacemos puzzles o maquetas, intentamos que cada vez estén mejor hechos y sean más complejos. Somos seres humanos y nos gustan los retos o, por lo menos, no nos agrada que haya cosas que no seamos capaces de dominar. Creo que este deseo es clave en la motivación de nuestros estudiantes. Los expertos advierten de que hay que tener cuidado y no pedir de ellos cosas que les sea imposibles realizar, pero el reto debe estar ahí. Incluso una ambición que exceda algo sus posibilidades puede estar bien si queda claro que el objetivo no es lograrlo todo, sino conseguir metas intermedias en ese camino.
  • Queremos que haya una finalidad concreta. Esto es evidente si vemos la forma en que funcionan algunas organizaciones. Tener una finalidad es lo que hace que nos convirtamos en sus seguidores. La cultura americana lo tiene en su ADN y allí lo encontramos en casi todos los ámbitos: los políticos repiten una y otra vez que tienen una “misión” que cumplir y que por eso deben ser votados; Steve Jobs dejaba boquiabierto al mundillo snob-tecnológico con sus discursos mesiánicos; las empresas apelan al objetivo común de conseguir un mundo mejor, más ecológico, más justo, más seguro, etc. Una misión es una herramienta motivadora fundamental y de ahí viene en buena medida el auge en las aulas de la evaluación por proyectos, pero estos deben ser lo suficientemente reales o verosímiles como para que los estudiantes sientan de verdad que tienen un objetivo

Autonomía, posibilidad de mejora y una misión que cumplir: esos son los puntos claves de la motivación según Dan Pink. El siguiente vídeo, de la fantástica serie RSA Animate, resume algunas de estas ideas gráficamente.

Manuel Alcántara-Plá
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