Entre el maratón de Boston e Hiroshima

 

Hiroshima projection de Krzysztof Wodiczko

A E. le pillan las noticias del atentado de Bostón sumergida en una novela de Murakami y en un momento en que se rememora el ataque atómico a Hiroshima. Eso hace que se mezclen los eventos en nuestra conversación como si ambos fueran noticias. Curiosamente no se nota apenas que haya dos perspectivas distintas. Unas muertes están aún calientes, sin enterrar siquiera, mientras que las otras pertenecen a ese terreno turbio de la Historia que es demasiado reciente para que a los maestros les dé tiempo a llegar en sus menguados trimestres. Sin embargo, nos atrevemos a juzgar ambos sucesos con igual nivel de certeza. Nos hemos acostumbrado a hacerlo así. Es uno de los efectos secundarios de muchos años de no creernos nada de lo que nos cuentan los medios de comunicación: uno aprende a inventarse sus propias historias para prevenir fallos de argumento.

Yo le cuento a E. que a mí la noticia me había pillado en el Twitter la noche anterior y que se había convertido rápidamente en “trending topic” desplazando todos los temas importantes de la noche, que no eran sino el meme #LoQueHubieraTuiteadoDeNiño y #GH10. Por suerte, la mayoría de gente a la que sigo en Twitter suelen permanecer ajenos a lo más moderno de la red. El grupo que estaba yo siguiendo se encontraba comentando las anteriores 24 horas de Siria. Recuerdo que el último tuit que leí “pre-Boston” decía: “131 muertos este domingo en Siria, 30 de ellos niños”. La cifra era impactante. Como me ocurre siempre que leo algo de Siria, me acordé de Sami, mi único amigo de aquel país, y me volví a alegrar de que defendiera su disidencia desde el centro de Europa. Después explotaron las ollas exprés de Boston. El público de aquel maratón corrió despavorido y Twitter se inundó con sus reacciones.

Estuve en Boston el julio pasado y me parece un escenario muy extraño para todo lo que ha ocurrido después. Yo recuerdo un sitio muy tranquilo, limpio hasta poder parecerle irreal a un madrileño, con gente por lo general afable al estilo que podemos llegar a serlo en las ciudades de cierto tamaño, cada uno a lo nuestro. Me podía imaginar perfectamente la organización de la maratón, perfectamente dispuesta, desde las vallas de seguridad hasta las banderitas en las manos de los espectadores. Hasta el caos posterior, con los cuerpos inertes del pequeño Martin Richard y las jóvenes Krystle Campbell y Lu Lingzi, se me antoja civilizado a su manera.

El atentado de Boston es una mancha de sangre sobre un lienzo blanco. Quizás sea eso lo que explique el tratamiento posterior por parte de los periodistas, como un pequeño 11/9. Creo que el despliegue policial cinematográfico responde también a esa expectación internacional que no debían traicionar aunque solo fuera por el bien de la “marca USA”. Además, es la reacción normal ante la violación de algo virgen. Cada vez soy más consciente de que los EEUU han adquirido ese poder simbólico en Occidente. Gracias a los medios, sentimos cualquier ataque a aquel país como la mancillación de la pureza. Nueva York, Washington, Boston… son la capital espiritual de nuestro mundo. Ese puede ser el motivo de que tres víctimas de Boston enmudezcan a centenares sirias (el pasado domingo murieron 131, ¿cuántos ese lunes? ¿y hoy?).

Es curioso mezclar en una misma conversación a Hiroshima, Siria y Boston. Aquella bomba atómica, que mató a más de 140.000 personas (más otras 70.000 casi simultáneamente en Nagasaki) cuando la guerra ya había finalizado, supuso la proclamación de un nuevo imperio. Aquellos muertos fueron la primera piedra de la construcción de este símbolo actual de todo lo inmaculado y sagrado. Así de rara es la narrativa de la Historia. Parece escrita por el propio Murakami; tan inverosímil, que no me extraña que los periodistas prefieran olvidarla.

Hiroshima projection de Krzysztof Wodiczko

Las imágenes muestran las proyecciones creadas por Krzysztof Wodiczko para Hiroshima. Wodiczko es uno de los galardonados con el premio trianual The Hiroshima Art Prize, dedicado a artistas cuya obra ha sido importante para la paz mundial.

2 pensamientos en “Entre el maratón de Boston e Hiroshima”

  1. EEUU como poder simbólico y estandarte de Occidente… (o el tuerto que guía a los ciegos…) No puedo estar más de acuerdo con tu reflexión que es la misma que hice yo en voz alta al oír la noticia y preparándome ya para el “bormbardeo mediático” que eclipsaría cualquier otro suceso a nivel mundial… y cientos de muertes acaecidas en el mismo día fuera de la órbita simbólica alrededor de la que gravitamos…
    Y suma y sigue… mientras permanecemos colgados durante semanas de cualquier noticia que arroje luz sobre 3 muertes inocentes y simbólicas… que nos permita seguir sin mirar y ver más allá…

  2. ¿Podría decirse que al fin y al cabo, todo es cuestión de poder, prestigio, intereses e incluso dinero? Porque, seamos claros, ninguna muerte es más importante que otra, y es lo que tristemente el mundo da a entender. ¿Por qué es más triste y desgarrador que tres personas mueran en Estados Unidos frente a los centenares que mueren constantemente en Siria y otros países? Todas son igual de lamentables, de tristes y de desgarradoras. Pero al fin y al cabo, a quien nos cuenta las noticias y a nuestra sociedad le da miedo que toquen sus intereses, que maltraten a la “intocable” Estados Unidos, o más bien que nos pase a nosotros también. Nadie piensa en Siria porque su situación es algo que se concibe como normal, que pensamos lejano cuando lo tenemos casi al lado. Y mientras en Estados Unidos y demás países se hará lo que sea porque no se vuelva a repetir, en Siria seguirán con los problemas de siempre. Es lo que entiendo yo, que así de injusta es la historia y la sociedad y seguirá siéndolo. Y lo peor es que no parece que se pueda hacer mucho por cambiarlo…

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