La reina de Versailles

Queen of VersaillesLa reina de Versailles es la famosa crisis que llevamos sufrida desde el año 2008 convertida en película desde una perspectiva algo peculiar: la de una familia de millonarios. El documental comenzó a rodarse por la curiosidad que habían despertado los Siegel, una familia que hacía parecer a los Soprano las personas más humildes sobre la faz de la tierra. El cabeza de familia, David, tiene una par de docenas de hijos de sus tres mujeres. La actual, la reina del título, también lo había sido de Florida cuando comenzaron su relación (Miss Florida’93). Sin embargo, la noticia que puso definitivamente el foco en ellos fue la decisión de construir el hogar familiar más grande los EEUU. Algún dato orientador: mayor que la Casa blanca y con más de 30 baños. ¿Qué tipo de familia podía haber detrás de ese sueño tan caro y peregrino? Ese era el tema original de este documental.

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Llevamos más de cuatro años repitiendo una misma conversación en los más diversos escenarios. Yo lo he hablado con la familia, los amigos, los compañeros, con el hombre de la ferretería, que lamenta la falta de clientes casi tanto como mi ignorancia terminológica en su campo, con los chicos del puesto de fruta del mercadillo de los lunes quienes me juran haber dinamitado los precios, y conmigo mismo. Creo que se ha convertido en una conversación destacada conmigo mismo. Aquella crisis bursátil del 2008 se ha extendido pringosamente por todos los espacios hasta protagonizar los programas de debates, los descansos en el trabajo, los anuncios de radio y algunas charlas de cama.

Después de tanto tiempo dándole vueltas a lo mismo, cada vez tengo más dudas de que estemos centrando nuestra atención sobre lo importante. Se supone que estalló una burbuja bursátil relacionada con las hipotecas y los préstamos basura. Eso se ha convertido, siguiendo una lógica difícil de seguir, en un ataque frontal a lo público, que fue parte de aquella estafa solo como un cliente pardillo más de aquellas constructoras: pagando cifras absurdas por las construcciones y aún más por los mediadores (que habían sido elegidos previamente en las urnas).

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David Siegel ha hecho su fortuna con el negocio de las multipropiedades, que depende claramente de los préstamos hipotecarios. Por eso en 1998, con la película en marcha y los bancos americanos derrumbándose, su empresa se vio obligada a echar más de 7000 empleados y la familia tuvo que reducir sus lujos, incluyendo la venta de la aún incompleta mayor mansión de América.

Las imágenes nos muestran esa pena doble: la de tener que dejar en la estacada a la práctica totalidad de los empleados y la de perder algún escalón de suntuosidad. A mí me parecen sobrecogedoras las que muestran lo primero no por el presente catastrófico que retratan, sino por lo que dejan entrever del pasado glorioso. La ex-reina de Florida nos enseña grandes espacios parcelados en microhabitáculos desde los que los empleados realizaban y respondían a las llamadas telefónicas de las campañas de venta de la empresa. Cuando todo iba bien, los Siegel estaban construyendo el hogar más grande de los EEUU sobre los hombros de más de 7000 empleados encerrados en peceras. Me recuerda a alguna de las noticias actuales, que nos cuentan no cómo se forran ahora algunos mientras a otros nos estrujan por la crisis, sino cómo se forraban ya antes cuando… nos estrujaban precisamente para eso, para poder forrarse.

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Lauren Greenfield ya nos había contado en sus anteriores documentales otras historias tristes de la sociedad norteamericana, desde la anorexia (en Thin) hasta la relación de los niños con el dinero (en la breve Kids + Money), todas recomendables. The Queen of Versailles empieza, sin embargo, con cierto tufillo a ese programa de televisión de cuyo nombre prefiero no acordarme en el que algunas mujeres multimillonarias se dedican a contarnos sus intensas y complejas vidas de prostitutas de lujo con anillo. El interés gana enteros gracias a las circunstancias adversas que convierte a los Siegel no ya en el símbolo de la ostentosidad de la clase alta del capitalismo, sino en un ejemplo brillante de cómo este sistema político tiene entre sus efectos secundarios el de colocar en la cúpula a los menos elevados en cuanto a cultura y moral. La película nos regala un bonito ejemplo de que, como ocurría con sistemas ya casi olvidados, los mandamases del capitalismo también confían en la bondad humana, pero con un objetivo muy distinto.

1 pensamiento en “La reina de Versailles”

  1. Esta gente se llena de lujos Acosta de la mentira y estafa ya q yo soy prueba q uno de los tiempos compartidos q me vendieron fue a base de mentiras y sin tentarse el corazón somos gente de trabajo debería haber leyes q nos protejan y castiguen a estos estafadores.

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