Sistemas de evaluación de la docencia universitaria. El caso de DOCENTIA.

Biblioteca de Humanidades (UAM)

Hace unas semanas entregué mi formulario para la convocatoria DOCENTIA de este año. El proceso ha suscitado todo tipo de comentarios desde su creación, pero esta es la primera vez que participo personalmente y he pensado que puede ser un buen momento para comentar algunas impresiones: ahora que ya he pasado por ello y aún no tengo los resultados.

¿Qué es DOCENTIA?

DOCENTIA es “el Programa de Apoyo a la Evaluación de la Actividad Docente del Profesorado Universitario”, creado por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) con “el objeto de apoyar a las universidades en el diseño de mecanismos propios para gestionar la calidad de la actividad docente del profesorado universitario y favorecer su desarrollo y reconocimiento”. El programa ha sido adaptado en cada universidad que lo ofrece y ha exigido algunos requisitos a estos desarrollos para que se pudieran adscribir a su convocatoria.

Para el profesorado, el programa significa la posibilidad de evaluar su trabajo cada quinquenio a través de un proceso doble de auto-evaluación y evaluación externa. La Universidad Autónoma de Madrid, por su parte, nos explicó a los participantes de este año que sus objetivos eran cuatro:

  1. Conocer la actividad docente en la UAM y ayudar a su mejora.
  2. Promover la reflexión sobre la actividad docente.
  3. Identificar buenas prácticas que aporten un valor añadido a la docencia.
  4. Aportar información para otros programas de calidad internos y externos.

Las fuentes de información

La evaluación se realiza teniendo en cuenta diferentes datos que son aportados desde cinco fuentes distintas:

  1. El propio docente a través de un formulario online donde se le pregunta por sus prácticas pedagógicas, por los materiales que ha realizado para la docencia y por su experiencia durante los cursos evaluados. Se valora hasta 35 puntos.
  2. El responsable académico, designado por los responsables del proceso y que, hasta donde sé, en la UAM suele corresponderse con el director del departamento del docente. Se valora hasta 9 puntos.
  3. Las encuestas realizadas a los estudiantes durante los cursos evaluados. Se valora hasta 33,5 puntos.
  4. Las bases de datos institucionales, donde aparece la carga docente, las notas medias, etc. Se valora hasta 10 puntos.
  5. Una comisión mixta designada para evaluar los anteriores cuatro puntos y aportar su opinión. Se valora hasta 22,5 puntos.

Problemas encontrados

Creo que hay dos resistencias básicas ante este proceso y que se enmarcan en problemas más generales de la universidad española. El primero es la sensación que tenemos la práctica totalidad del profesorado de que nos hemos convertido en administrativos. Pasamos un porcentaje muy alto de nuestro tiempo de trabajo concentrados en rellenar papeles para las distintas administraciones. Tener a un profesor ocupado en estas labores es un derroche obvio en todos los sentidos y no menos en el económico, que tanto les preocupa a veces a los mismos que derrochan aquí. DOCENTIA es sin duda una nueva tarea que nos aparta de aquello que deberíamos hacer, que es investigar y enseñar. El segundo problema es la conciencia de que hay una parte en la definición que le da la ANECA, esa de “favorecer su desarrollo y reconocimiento”, que es falsa. ¿Favorecer y reconocer el trabajo del profesorado? En estos tiempos en los que existe la amenaza continua de que se prescindirá de nosotros, en los que nuestras pagas desaparecen como si las hubiéramos tenido en préstamo y en que los responsables políticos compiten entre sí para destacar nuestra poca valía, es complicado que el profesorado no lea esa parte como “y castigaremos a quienes no se rijan por nuestra visión homogénea de la educación superior”.

Más allá de estos problemas, el más obvio es el de evaluar algo tan complejo y heterogéneo de una manera justa y teniendo en cuenta todas las variables. En este sentido, el formulario de la UAM incluía un apartado para que el docente explicara aquellas circunstancias que considerara perjudiciales para su trabajo.

En algunos aspectos, no obstante, creo que estamos comenzando la casa por el tejado. Por ejemplo, se valora y mucho las encuestas de los estudiantes; sin embargo, no se ha resuelto aún el problema de cómo conseguir que esas encuestas sean entregadas por un número significativo de alumnos. De igual manera, se valora muy positivamente la creación de recursos online y el uso de plataformas docentes en internet; sin embargo, la propia universidad está aún en los primeros pasos para facilitar que eso sea posible (tenemos moodle, pero no blogs ni foros ni wikis…).

Un proceso en desarrollo

A pesar de lo dicho en el anterior punto, mis sensaciones sobre todo el proceso no son completamente negativas. En cuanto a lo más práctico, el formulario online tenía algunas partes especialmente engorrosas que obligaban a mucha repetición, pero el diseño general era agradable, intuitivo y fácil de utilizar. Se podía rellenar en un par de tardes con la concentración suficiente.

En una mirada más amplia, me parece que los cuatro objetivos numerados más arriba, tomados de los de la UAM, son bienintencionados y buscan mejorar la docencia. Fomentar la reflexión y visibilizar las buenas prácticas puede ser sin duda positivo. La reflexión pedagógica es la gran ausente en nuestras facultades, donde nos solemos reunir para discutir sobre nuestros temas de investigación, pero no tanto sobre el modo en que se los transmitimos a los estudiantes.

He comentado aquí en varias ocasiones que la obsesión evaluadora de nuestro sistema educativo va en dirección contraria a la tendencia en los países en que la educación está demostrando funcionar mejor. Algo parecido se podría decir aquí. La forma lógica de mejorar la educación es aumentar los recursos, garantizar que sea atractiva para que la ejerzan los mejores, darle un prestigio real en nuestra sociedad… Como nuestros poderes se están aplicando en dirección contraria, no queda más remedio que forzar la máquina desde el control, pero es una ilusión pensar que los resultados serán los mismos. No deberían olvidar que el mayor tesoro de la universidad debería ser su creatividad en todas las áreas del conocimiento y es una cualidad que no se incentiva precisamente a base de controles. La innovación nunca viene de lo aceptado por el sistema, sino de las rupturas de lo que este impone. Que el trabajo de un profesor pueda evaluarse hasta el punto que se está haciendo es una mala señal por sí misma.

¿Se pueden conseguir los objetivos expuestos arriba por un medio distinto al de “evaluación”? ¿Es necesario ponernos nota según nuestra similitud con lo considerado aceptable para provocar la reflexión y la mejora? Quizá un debate alrededor de estas preguntas pudiera lograr un DOCENTIA con menos resistencias entre el profesorado.

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