Enseñar los pechos no es sinónimo de violación

Enseñar los pechos voluntariamente no es sinónimo de violación ni de abuso sexual

Enseñar los pechos voluntariamente no es sinónimo de violación ni de abuso sexual. Esta afirmación debería ser tan obvia como para considerarse absurda, como si escribiera que correr una maratón tampoco es sinónimo de violación ni de abuso sexual. Nuestros medios de comunicación no lo tienen tan claro. Estos días hemos vivido la extraña experiencia de haber visto ilustradas las noticias sobre abusos en los festejos de San Fermín con imágenes de mujeres levantándose la camiseta en público. Quizás cualquier pretexto sea bueno para mostrar un cuerpo femenino en plena fiesta. Sin embargo, la insistencia en relacionar noticias de violencia con esas imágenes es discursivamente perversa. Lo que hacen los medios es confirmar la idea de que la víctima de la violencia es en realidad la responsable última del crimen. Lo que muestran las imágenes es un ambiente festivo y libre. Festividad y libertad no son sinónimos de violación ni de abuso sexual. Lo que vemos y lo que escuchamos no se corresponde aunque van a conseguir que al final terminemos por pensar que sí.

Ya apenas me sorprende la irresponsabilidad de los medios en este tema, pero sí la poca contestación que reciben. He hecho un sencillo experimento para comprobar su influencia. He buscado en Google imágenes que respondan a “violación San Fermín”. El resultado es el siguiente:

ViolacionSanFermin

Mujeres parcialmente desnudas y besos. ¿Esa es la representación de un abuso sexual en los medios españoles del s.XXI? En lugar de fomentar estas ideas tan dañinas para los derechos de la mujer, los medios podrían centrar el foco en otras cuestiones positivas socialmente. Por ejemplo, imagino que el protagonismo de estos casos en Pamplona no se debe a que sea un festejo especialmente propicio para los abusos, sino más bien a que parece que allí se está realizando un trabajo valioso de concienciación. Podrían aprovechar para investigar periodísticamente qué está ocurriendo en los cientos de festivales que se suceden en nuestra geografía en estos tiempos estivales. A mí, como ciudadano, me parece que realizarían una labor importante si me explicaran por qué no hay una proporción similar de denuncias en ellos o en las fiestas de las demás ciudades.

No creo que las/los responsables de los medios sean tan torpes como para no darse cuenta de que con sus  aportaciones no están informando, sino fomentando los abusos legitimándolos con una justificación que es machista y retrógrada. Ya es hora de que estos discursos desaparezcan, si no es posible de nuestra sociedad, al menos de los canales de información prestigiados socialmente.

[He tratado extensamente cómo nos afecta socialmente Internet en el libro Palabras invasoras. El español de las nuevas tecnologías (2017)]

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