Palabras para reescribir la Segunda Guerra Mundial en Japón

Recordatorio de las "Comfort women" koreanas en Korea del Sur (Kim Hong-Ji)
Recordatorio de las "Comfort women" koreanas en Korea del Sur (Kim Hong-Ji)
Recordatorio de las “Comfort women” coreanas en Corea del Sur (Kim Hong-Ji)

Vivimos un nuevo ejemplo de cómo se reinterpreta la realidad, en este caso la Historia, a través de la manipulación del diccionario. En concreto, se está intentando borrar una parte importantísima de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Quizás no te sorprenda saber que afecta especialmente a mujeres.

El uso de esclavas sexuales por parte de los ejércitos no es algo exclusivo del gobierno japonés del s. XX. El sistema utilizado por sus contemporáneos alemanes está documentado con todo lujo de detalles. También ese perverso desarrollo que fue la Recreation and Amusement Association, un invento del gobierno ocupado japonés para “entretener” sexualmente a los ocupantes estadounidenses, de modo que no violaran indiscriminadamente a civiles (cosa que ya había hecho, se estima que al menos 10.000 veces). Bautizar un sistema de prostitución forzosa como asociación recreativa y de divertimentos requiere de dosis iguales de cinismo y salvajismo. Llegaron a trabajar 20.000 mujeres, que mantuvieron la denominación entre los estadounidenses, anterior a la guerra, de comfort women (“mujeres de consuelo”).

Ahora el periódico en inglés más antiguo de Japón, el Japan Times, toda una institución con 120 años de antigüedad, ha decidido cambiar algunos de los términos que venía empleando para referirse a estas víctimas. El más general y con mayor impacto es el de forced labour (“trabajos forzados”), que ahora interpretan que se ha aplicado a un grupo demasiado amplio de casos, algunos de ellos no estrictamente forzosos.

La cuestión no es solo terminológica puesto que aún siguen sin resolverse reclamaciones para recibir compensaciones por ello, especialmente de ciudadanos de Corea del Sur. El propio periódico habla de unos 800.000 coreanos “llevados a Japón” durante la guerra. Sin embargo, distinguen tres formas de “llevarlos” que se sucedieron cronológicamente en los años cuarenta: boshū (por invitación, con el objetivo de traer 85.000 trabajadores), kan-assen (coordinado por el gobierno, para traer a 120.000 más) y chōyō (forzados). El número total deja clara la importancia del último sistema. Sin embargo, el Japan Times ha decidido cambiar el nombre de forced labours por el de wartime labours (“trabajadores en tiempo de guerra”).

En paralelo, ha modificado la definición de un grupo concreto de estos wartime labours, las mencionadas comfort women. De “mujeres forzadas a dar servicios sexuales a las tropas japonesas antes y durante la Segunda Guerra Mundial” han pasado a ser “mujeres que trabajaron en los prostíbulos en tiempos de guerra, incluyendo a aquellas que lo hicieron contra su voluntad, para dar servicios sexuales a los soldados japoneses”.

Los dos cambios van en la misma dirección: relativizar el carácter esclavista de la práctica. Afortunadamente están teniendo contestación incluso entre los periodistas del propio periódico. No obstante, no hay demasiado espacio para el optimismo: The Guardian relaciona los cambios con la política del actual gobierno conservador y de otros grupos de extrema derecha, e incluso lo encuadran en una campaña mayor de reescritura de la responsabilidad de Japón durante la guerra con casos tan llamativos como la prohibición en los medios estatales de utilizar el término de “esclavas sexuales”, que se reemplaza por el de “mujeres de consuelo en tiempos de guerra”.

En este momento que vivimos, donde la batalla política gira alrededor de este tipo de postverdades, quizás necesitemos de una nueva defensa de los diccionarios: no para asegurar que no evolucionan, sino que nadie los toma como rehenes en interpretaciones del mundo perversas.

Manuel Alcántara-Plá
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