Discursos peligrosos y discursos de odio

La precisión terminológica es siempre fundamental en ciencia, pero aún lo es más cuando investigamos temas sociales relacionados con la intolerancia. Es una cuestión que me preocupa sabedor de que un malentendido puede suponer la ofensa a un colectivo entero o su invisibilización.

Discurso de odio” es uno de los términos clave con el que trabajamos al estudiar la comunicación pública radical. Susan Benesch, del Berkman Klein Center for Internet & Society en Harvard, lo ha problematizado por considerarlo ambiguo y conflictivo en la defensa de la libertad de expresión. Ella propone hablar en su lugar de discursos peligrosos, nombre con el que ha bautizado el proyecto The Dangerous Speech Project.

Escultura "Hate" de Mia Florentine Weiss en Munich
Escultura “Hate” de Mia Florentine Weiss en Munich

¿Cuál es la diferencia real entre estas dos formas de referirnos al discurso?

Solemos entender discurso de odio como aquel que se refiere a mensajes que se realizan contra otro grupo social. Estoy de acuerdo con Benesch en que el término se ha extendido demasiado y es utilizado por los medios y políticos de forma confusa. No podríamos usar esta etiqueta, por ejemplo, si alguien insultara a un representante de un ayuntamiento porque creyera que sus acciones le estaban perjudicando. A pesar de esto, es bastante común escuchar a esos representantes considerándose víctimas de discurso de odio. Lo cierto es que los mensajes que les dirigen pueden estar originados en un sentimiento de odio y son obviamente discursos… pero lxs investigadorxs habíamos decidido que solo merecen ese nombre los ataques que se justifican por la pertenencia a un grupo. Si el insulto al representante viene motivado porque es de izquierdas o derechas, o católico, o de una raza o con una orientación sexual, ahí estaríamos ante el fenómeno que estamos definiendo.

No es la primera vez ni la última que los “expertos” y el común de los mortales no coincidimos en lo que tiene que significar una palabra. Tampoco que la opción de los primeros sea la menos intuitiva.

El discurso peligroso de Benesch viene a solventar esta ambigüedad. Lo define como:

Cualquier forma de expresión (p.ej. habla, texto o imágenes) que pueda aumentar el riesgo de que su audiencia justifique o cometa violencia contra miembros de otro grupo

https://dangerousspeech.org/guide/

Sí, ya sé. También es ambiguo. Es difícil defender que la muchos de los tuits de Donald Trump no puedan ser denominados discursos peligrosos teniendo en cuenta que suelen ofender a gobernantes de países con bombas nucleares. Quedan, no obstante, fuera de esta definición. A pesar de ello, la propuesta tiene algunos detalles que me parecen muy interesantes. Para empezar, reconoce explícitamente que estamos hablando de “discurso” en un sentido muy amplio, algo fundamental en un momento en que la comunicación es casi siempre multimodal, mezclando vídeos con texto, sonido, etc. Las palabras no son un requisito indispensable para provocar el riesgo del que se habla. También es pertinente que la consecuencia tenga que ver con miembros de otro grupo, rasgo heredado de la definición antes mencionada de discurso de odio. Aquí, sin embargo, se incluye que se facilite la justificación de la violencia y no solo el que se cometa.

Independientemente de que prefieras un término o el otro, te recomiendo que leas la descripción que dan en el proyecto. Está escrita con claridad e incluye detalles importantes. Señala, por ejemplo, que el discurso peligroso no solo promueve el odio, sino también el miedo. Muchas veces es este último el que permite que se justifique la violencia contra quienes son considerados “los otros”. El odio es una consecuencia de ese miedo y esto es fundamental a la hora de plantearnos combatir alguno de estos discursos.

También explican que un daño social puede provocarse directa o indirectamente. Insultar a alguien en su cara es una agresión directa. Sin embargo, favorecer que otros piensen negativamente de un grupo a través de discursos peligrosos puede tener consecuencias aún peores. Esta idea acerca el concepto de discurso peligroso al delito de odio ya que se considera una agresión -indirecta- en sí misma.

Dibujo sobre Dangerous Speech de Peter Durand
Dibujo de Peter Durand / CC BY-NC-ND 2.0

En cuanto al marco para investigarlos, lo centran en cinco elementos clásicos: el emisor, el mensaje, la audiencia, el medio y el contexto histórico y social. Cada uno tiene una relevancia diferente en cada caso y su combinación es la que determina el grado de peligrosidad de un discurso (siempre es una cuestión de grado). En el contexto actual, las redes sociales son un medio muy a tener en cuenta en la difusión de estos discursos y eso hace que cobre importancia también la figura del emisor secundario, es decir, alguien que no crea el mensaje, pero que ayuda a que se difunda y legitime.

El trabajo de Benesch y el resto de participantes en el proyecto de Dangerous Speech es una aportación valiosa para quienes estudiamos el discurso público en sus variantes más nocivas y a quienes nos preocupa transmitir las ideas sin equívocos.

Manuel Alcántara-Plá
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