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Actualizaciones sobre la radicalización extremista en las redes sociales

Actualizaciones sobre la radicalización extremista en las redes sociales

Alan Waring llama la atención sobre los crímenes de «cuello blanco» en su artículo sobre las multifacéticas amenazas de la extrema derecha. Quizás pongamos demasiado el foco en los eventos violentos, como los ataques terroristas, y obviemos otras medidas más sutiles, pero de consecuencias incluso más catastróficas, desde los comentarios de personajes públicos deslegitimando la democracia (partidos de la oposición negando el derecho de otros a gobernar, presidentes derrotados en las elecciones que denuncian fraude sin evidencias…) hasta las leyes contra el medioambiente que se están aprobando en muchos lugares del planeta.

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Laurence Bindner ha analizado el lado digital de uno de los eventos violentos del último mes, la decapitación en Francia del maestro Samuel Paty. Observa dos tendencias claras. Por un lado, la evidente radicalización que se venía reflejando durante el último año en las publicaciones online del asaltante, un joven de 18 años. Por otro, la virulenta campaña en las redes señalando a Paty y a su colegio porque el maestro había enseñado los famosos cómics de Mahoma en su clase. Binder concluye que su muerte se produce por el cruce entre ambas corrientes digitales, que eran públicas y por las que se podrían haber tomado medidas preventivas. Es interesante leer los motivos que encuentra para estimar el nivel de amenaza de los mensajes, incluso cuando no incitan explícitamente a la violencia.

He aprendido de Matthew Sharpe, filósofo de la Deakin University, que el término que utiliza la extrema derecha para describir a los nuevos radicalizados es «red pilling» (tomar la píldora roja). Es una referencia a la película The Matrix (1999); en ella los protagonistas debían elegir entre la pastilla roja, que les revelaba la verdad, o la pastilla azul, que les mantenía en la ignorancia.

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Sharpe aprovecha los mensajes publicados por el proyecto Whispers para indagar en la relación entre los chats en la red Discord vinculados a videojuegos y la difusión de ideología radical. El trabajo de Sharpe me ha interesado, entre otras cosas, porque lo plantea desde una perspectiva muy lingüística. De esta manera, encuentra tres niveles de extremismo discursivo, cuyo conocimiento marca el grado de pertenencia al grupo de «creyentes» en la extrema derecha:

  1. Primer Nivel: Uso de vocabulario irónico y paródico, con palabras clave como “1488ers”, “Deus vult” y la imagen de “Pepe the Frog” para autodesignarse, y otros como «marxistas culturales», “guerreros de la justicia social» o “dindus” («Didn’t Do Nothing») para designar a los rivales. Estos términos se sirven del humor para empezar a normalizar visiones discriminatorias.
  2. Segundo Nivel: Uso de lenguaje de encuadre violento que justifica el odio contra los otros, con planteamientos como:
    1. Conspiracionismo: Hay poderes (socialistas, plutócratas, judíos, etc.) que controlan el mundo desde la sombra.
    2. Fruta prohibida: Los conspiradores están en posesión de privilegios, desde políticos hasta sexuales.
    3. La postura cínica: Todos los ideales progresistas son falsos y se utilizan para manipular a la gente decente.
    4. La lucha universal: El significado de la vida es lucha o guerra, en contra de lo que piensan los progresistas y sentimentales.
    5. La postura maniquea: El mundo está dividido entre amigos y enemigos, con lo que cualquier intento de acuerdo es un error.
    6. La visión desdeñosa y quasi-elitista: La gente normal no radicalizada es estúpida o ingenua.
  3. Tercer Nivel: Uso de lenguaje mobilizador:
    1. Deshumanización del enemigo. Las élites son «depredadores» («lobos») que deben ser destruidos violentamente. Los grupos vulnerables son «parásitos» que viven de lo producido por la gente decente. Y cualquiera externo al grupo puede ser «contagioso», «sucio» o «venenoso» y, por lo tanto, debe extirparse de la sociedad.
    2. Catastrofismo del momento. La situación es tan peligrosa que se debe actuar con rapidez y contundencia.

Un ejercicio que me parece que podría arrojar resultados valiosos sería buscar la presencia de estos rasgos en los discursos de grupos o partidos políticos que se presentan como representantes de otras ideologías.

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