Cuerpos distanciados

Hay cierto debate sobre la exactitud del término “distanciamiento social” porque los medios de comunicación remota nos permiten mantener relaciones sociales a pesar de no poder compartir un mismo espacio. Estas correspondencias pueden sentirse cercanas, incluso íntimas, como demuestra el hecho de que plataformas como Tinder, la aplicación para encontrar pareja más popular, se hayan decidido a implementar videoconferencias para superar el confinamiento.

Imagen de un vídeo de Guillem CX (https://www.instagram.com/guillemcasasus/)
Imagen de un vídeo de Guillem CX

Susie Orbach es una psicoterapeuta experta en el sentido que tienen los cuerpos en la sociedad contemporánea, lo que explica el título de su último libro Cuerpos (Bodies). El pasado 7 de mayo publicó un artículo en The Guardian dedicado a “Los patrones del dolor: lo que el coronavirus puede enseñarnos sobre cómo ser humanos“. Combina dos temas diferentes, nuestros cuerpos y la actitud del gobierno británico, pero consigue formar un dibujo claro de dónde han quedado los primeros en esta crisis. Como mucha otra gente, ella ha pasado del whatsapp y las entrevistas personales a las videoconferencias con Zoom. Es su nueva herramienta para hacer terapia, pero echa de menos toda la información que obtenía de la presencia real de los pacientes en su consulta.

Orbach recuerda algunos experimentos conocidos que probaron la importancia de la presencia física para el ser humano. Habla de Víctor de Aveyron, el chico francés encontrado en los bosques del sur de aquel país a principios del s.XIX. Se había criado con animales y no tenía movimientos reconociblemente humanos: nuestros cuerpos se conforman socialmente y a través del contacto con los otros. Recuerda también los estudios de René Spitz, quien probó durante la Segunda Guerra Mundial que los bebés de un orfanato cuyas cunas estaban más cerca de la oficina de las enfermeras tenían más posibilidades de sobrevivir, y que esto se debía a que ellas los tocaban de manera casual al pasar junto a ellos. El mero contacto físico, la presencia del otro, les daba vida. O el polémico trabajo de Harry Harlow con monos a los que separaba de sus madres: no les afectaba mucho si les ponían una madre falsa (un muñeco disfrazado), pero llegaban incluso a morir si no había nada que las reemplazara.

Obra de Grace Miceli
Dibujo de Grace Miceli

El docente es un ámbito en el que abundan discusiones intensas sobre los cambios que nos estamos viendo forzados a asumir, con la mayoría de los discursos oficiales (de los gobiernos, de las universidades) haciendo ver que el salto a la educación a distancia es no solo factible e irremediable, sino positivo. Mi sensación como docente, sin embargo, es similar a la que tendría un actor de cine al que le dijeran que tiene que pasar a ser locutor de radio porque se han prohibido las imágenes. Probablemente sería capaz de hacerlo, seguro que no de la forma más ideal e inevitablemente sintiéndose en un territorio extraño.

Las tecnologías hacen posible que nos comuniquemos, pero es un engaño afirmar que no hay transformaciones importantes al digitalizar nuestro contacto, con pérdidas y adaptaciones. Incluso es ilusorio pensar que las tecnologías nos permiten hablar. Dice el pobre DLE que este verbo significa “emitir palabras”, pero cualquiera sabe que es mucho más. Cuando pienso en que voy a hablar con mi mujer o con mi hijo, las palabras son solo una parte de la historia. “Hablar”, cuando se hace sin la mediatización de una pantalla, significa también “compartir”, “acompañar” y tantas otras cosas. Es un verbo predicado también por los cuerpos y no solo por las mentes.

Cuando lo miro con la perspectiva de la Historia, me doy cuenta de que nunca hemos recibido nada bueno de quienes han menospreciado el valor de los cuerpos. Se anuncian cambios en cómo vivimos. Algunas mutaciones ya se habían producido y estábamos en el proceso rápido de su difusión, pero esta crisis va a ser utilizada para imponerlos sin tiempo de reacción. Hay que resistir, detenerlos/nos, reflexionar.

[Imágenes tomadas del Covid Art Museum, una cuenta de Instagram donde Emma Calvo, Irene Llorca y José Guerrero recopilan bajo el hashtag #CovidArtMuseum obras de artistas de todo el mundo sobre el COVID19]. 

Manuel Alcántara-Plá
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