Luces y sombras en la película documental El dilema de las redes (The social dilemma, Netflix)

Tenía ganas de ver la película documental de Jeff Orlowski El dilema de las redes (The social dilemma en inglés) porque su punto de partida es común al proyecto/ensayo de resistencia digital en el que estoy trabajando. Ese era el mismo motivo que me hacía temerla un poco. Comparto aquí en lo que coincido y en lo que discrepo tras el visionado. Te anticipo desde ya que es una película recomendable, pero cuyas afirmaciones deben tomarse con cierta cautela. Verás que algún aspecto es justificable por tratarse de una película, pero también que hay otro que hace saltar las alarmas.

Imagen de "El dilema de las redes"
Imagen de “El dilema de las redes”

La premisa del documental es rotunda: las redes sociales nos manipulan, y provocan comportamientos en nosotros que son adictivos y nocivos para nuestra cotidianidad. Además, se lucran gracias a la información personal que les cedemos, que es el arma que tienen para influir sobre nosotros. Estoy completamente de acuerdo con estas tesis. Es más, hay suficientes pruebas como para que no sean siquiera -por mucho que Facebook se empeñe- materia de discusión. Muchas de las evidencias las hemos obtenido precisamente de algunos de los artífices de estas herramientas, arrepentidos ahora al ver los monstruos que han creado y las consecuencias que nos están trayendo. Su autoridad para hablarnos de lo que ocurre con los algoritmos de las redes es innegable, y eso les hace protagonistas inevitables de la película.

Mi ensayo también da espacio a sus voces por el valor que tienen. Coincidimos también en alternarlas con intervenciones más académicas. Sin embargo, mientras que la tercera pata de mi proyecto es mi propia experiencia personal, Orlowski elige realizar una recreación ficcional de la influencia que tienen los teléfonos móviles en una familia media estadounidense. Creo que le funciona aunque probablemente nadie de la audiencia haya tenido una vivencia idéntica a la que se muestra. La metáfora de los algoritmos con la forma de una torre de control, recordando el cerebro de Inside Out, da una imagen muy acertada tanto de la agencialidad de estos programas como del control que ejercen sobre nosotros.

Imagen de "El dilema de las redes"
Imagen de “El dilema de las redes”

Hasta aquí las similitudes con mi ensayo porque hay grandes diferencias que son las que me hacen recomendarte cierta cautela. La distancia entre mi experiencia real y la ficción ejemplifica muy bien la cuestión: El dilema de las redes simplifica enormemente los fenómenos de los que habla. De esta manera, acusa a las redes sociales de problemas en los que es cierto que tienen influencia, pero que -como diría danah boyd- “son complicados”. El propio libro de boyd, It’s complicated, es una muestra de ello: la película da a entender que las aplicaciones digitales han provocado que los jóvenes interactúen menos físicamente; sin embargo, hay otros procesos en marcha, como una mayor supervisión parental de los niños que en generaciones anteriores, que podrían hacer que no interactuaran de ninguna manera si no tuvieran siquiera los espacios digitales. Las redes desarrollan una influencia negativa, pero por desgracia no tienen esa potestad de forma exclusiva.

La simplicidad de los planteamientos es, por lo tanto, uno de los problemas de la película, pero ya he dicho que no creo que sea un fallo, sino una característica del medio elegido para tratar la cuestión. Nadie esperaría encontrar la complejidad que encierra la novela en una versión cinematográfica de El Quijote, y no por eso tendría necesariamente menor valor.

Existe un segundo problema que me preocupa más. El documental deja para prácticamente los títulos de crédito las únicas propuestas de soluciones. Todas ellas, incluso la expuesta por Jaron Lanier (que es cerrar las cuentas que tengamos), son individuales e individualistas. Yo defiendo en mi ensayo una postura muy diferente cuando reflexiono sobre cómo salir de este grandísimo lío en el que nos hemos metido. La liberación solo puede ser colectiva. Dejarla, como tantas otras cosas, a la responsabilidad personal es no haber entendido nada del problema. Y eso es lo que me alarma de esta película. Podría pensarse que se debe a que la mayoría de los que aparecen son ingenieros y no a sociólogos, pero lo cierto es que aparecen nombres que sí podrían dar una visión muy diferente, como Shoshana Zuboff.

Si pensamos mal, ese carácter inofensivo del producto final puede justificar que lo haya producido y distribuido Netflix, una de las reinas de la manipulación a través de algoritmos. Mientras las propuestas se centren en “¿qué puedes hacer tú solo?” y no en “¿cómo podemos unirnos para contrarrestar el poder de estos imperios tecnológicos?”, los libros y películas críticas con lo digital podrán provocar ruido, pero nunca cambios.

Manuel Alcántara-Plá
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2 comentarios

  1. Tienes publicado algun articulo donde presentes tus propuestas para conrrarrestar colectivamente el poder de las redes sociales?

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