Septiembre

Graffiti de The Rebel Bear

Allá vamos con este septiembre de incertidumbres y mucho trabajo. El coronavirus y los gobernantes nos han preparado un inicio de curso muy cuesta arriba. Tendremos que redoblar esfuerzos y espero que el agotamiento no nos quite las ganas de protesta. Mientras tanto, hay mucho interesante por ahí fuera.

Una de las consecuencias más visibles de la pandemia es que nos hemos lanzado a lo digital como si no hubiera mañana. Las instituciones educativas han sido unas de las principales impulsoras de esta apuesta. Haríamos bien en pensarlo un poco más antes de dar un salto tan atrevido. Acaba de salir, por ejemplo, un informe sobre los riesgos relacionados con la privacidad ahora que las escuelas y los padres hemos aumentado el uso de las aplicaciones (publicado por el International Digital Accountability Council).

La privacidad no es la única amenaza. Tommy Shane nos cuenta que cada vez más gente está utilizando Facebook e Instagram como buscadores de información. Durante una pandemia, eso es peligroso.

¿Hemos perdido el norte con lo digital? Como mínimo, hemos perdido nuestros datos personales. Emily Mullin nos anuncia que si queremos un Amazon Halo gratuito solo necesitamos ceder nuestros datos a una compañía aseguradora.

Y los gigantes de Internet cada vez disimulan menos su papel de “abusones” en la Red. Ahora Facebook amenaza con bloquear todas las publicaciones de noticias a todos los australianos para hacer presión contra una ley que no le interesa.

Graffiti en Bromley (Inglaterra)

Y esperemos que el esfuerzo actual no nos quite tampoco las ganas de imaginar otras soluciones. Las que nos vengan impuestas desde arriba no van a ser muy creativas. Gemma Ubasart i Gonzàlez reivindica, por ejemplo, que Otro ocio es posible. Reclama que los médicos y estadísticos, economistas y juristas compartan su protagonismo con sociólogos, antropólogas, psicólogos sociales o politólogas para construir dinámicas sociales sanas y compatibles con la pandemia. Hacer como que las terrazas de los bares son lugares sagrados donde el contagio es imposible no parece la mejor estrategia.

En Politico reconocen su admiración por el grupo ecologista radical (en todas las acepciones de la palabra) Extinction Rebellion y se preguntan por qué la ciudad de Stroud (Inglaterra) está siendo el germen de algunos de los movimientos más sonados. Aunque algunas acciones les parecen extremas, admiten que necesitamos llamadas de atención eficaces porque el desastre ecológico no espera a que nos despertemos de esta siesta en la que nos hemos apalancado.

Por último, recordar que la creatividad subversiva e Internet no son antitéticos: también necesitamos volver a soñar con un Internet diferente. No es nada nuevo, pero sí cada vez más enterrado por las lógicas impuestas por Google, Facebook, Apple, Amazon, Microsoft… Mélanie Dulong de Rosnay y Francesca Musiani (ambas del CNRS) acaban de publicar un interesante artículo repasando las Alternativas para Internet: Un viaje por las arquitecturas de redes descentralizadas y los Comunes de la información.

Graffiti de Fake en Amsterdam

Allá vamos…

Manuel Alcántara-Plá
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1 comentario

  1. Muy interesante!!! El internet es una herramienta importante en la educación contemporánea pero ¿es sano que se convierta en la única herramienta? Loa extremos nunca han dado buenos resultados en la sociedad… ni antes ni ahora….

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