Vienen cambios, pero ¿serán los del capitalismo carroñero?

Hubo una tesis de las que expuso Naomi Klein en su famoso libro The shock doctrine (2007) que me causó un profundo impacto cuando la leí. Como es sabido, la idea principal del libro es que los momentos en que la sociedad se encuentra conmocionada son aprovechados por ciertos poderes económicos y políticos para realizar cambios legislativos que no serían aceptados en condiciones normales. Sacan beneficio de la confusión general. Monetizan el trauma. Desde el Chile de Pinochet hasta la España de Rajoy y desde el Iraq de la post-destrucción hasta la Grecia de Syriza, siempre la repetición de una misma estrategia: bandoleros del neoliberalismo que asaltan a los ciudadanos en shock. También sigue un mismo resultado al proceso: la aplicación de las teorías radicales inspiradas por Milton Friedman, estrangulando los servicios públicos, endeudando a las capas más pobres de la sociedad, privatizando la vida hasta convertirla en territorio inseguro.

La tesis más brutal, no obstante, demostrada extensamente en aquella obra con ejemplos de nuestra Historia reciente, es que esos poderes no solo sacan tajada de las circunstancias, sino que están agazapados a la espera de que ocurran. Las necesitan para continuar con sus imposiciones, que resultan autoritarias porque se aplican en épocas de descontrol. Tanto las precisan que muchas veces colaboran a que los colapsos ocurran. Vivimos en la época del Capitalismo carroñero.

Imagen del documental La doctrina del schock
Imagen del documental La doctrina del schock

Pienso en ello ahora porque estamos en la cresta de la ola de una crisis y desde esta altura ya atisbamos la llegada de la siguiente. El parón económico provocado por el confinamiento vendrá seguido de la resaca del esfuerzo que los gobiernos están haciendo para salvar el primer golpe. Es normal que en medio de la tormenta no saquemos tiempo para mirar hacia arriba, pero la experiencia nos advierte de que aves carroñeras giran a nuestro alrededor. Ya han empezado su descenso.

Ha habido mucho debate sobre el discurso bélico que están utilizando los gobiernos para “derrotar” la pandemia. Se ha relacionado también con los recursos discursivos típicos de unos representantes que son -como diría Paul B. Preciado- eso que socialmente llamamos “hombres”. Sin embargo, la lucha debería llegar después, cuando los buitres desciendan sobre nuestros gobiernos, y entonces estos cambiarán curiosamente su discurso por el de las catástrofes naturales: nos hablarán de “tsunamis económicos”, de “desiertos laborales”, de “terremotos financieros”. Al virus le dan alma como si fuera un “enemigo” humano. A la depredación posterior se la quitarán como si fuera un destino inevitable.

Con un año 2020 tal y como se ha planteado, es imposible pensar que nuestro mundo sobreviva sin cambios. Sabemos que hay un programa ya escrito y testado por ellos esperando el momento idóneo para aplicarse. La duda está en si habrá entonces otros planteamientos dispuestos sobre la mesa que puedan competir con aquellos. Y, en caso de que así sea, si asumiremos el atraco como catástrofe inapelable o habrá batalla.

[En el 2009 publiqué una entrada sobre La doctrina del shock explicada por Naomi Klein y Alfonso Cuarón con motivo del cortometraje sobre el tema que realizó este último].

Manuel Alcántara-Plá
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