Jan Blommaert

Este 7 de enero ha fallecido Jan Blommaert. Se trata de una muerte anticipada por él mismo hace ya bastante tiempo, pero no por ello menos impactante. Perdemos prematuramente, sin llegar a los sesenta años, a una de las personas más brillantes en el estudio de la sociolingüística. Me he obligado a escribir esta entrada no solo como reconocimiento, sino como oportunidad para poder presentárselo a mis estudiantes. Me voy acostumbrando a sacar cosas positivas de circunstancias indeseadas.

Lo primero que he recordado al enterarme de la noticia ha sido una lectura que realicé durante el confinamiento de la primavera. Fue en aquella situación extraña cuando me llegó la notificación de que Blommaert había publicado algo nuevo en su blog personal. Lo había titulado “Mirando atrás: ¿qué fue importante?” y lo comenzaba anticipando lo que ha ocurrido hoy. Advertía que dos de sus maestros, Michel Foucault y Erving Goffman, habían fallecido cerca de los sesenta años, y que él, con cincuenta y ocho y un cáncer terminal, iba a seguir su camino.

Los estudios de Jan Blommaert son fundamentales para muchas de las cuestiones que más interés despiertan en mis clases. L_s estudiantes de hoy aprecian que se les hable de la realidad lingüística de nuestras sociedades con todas sus complejidades. Son conscientes de la riqueza, pero también de la perversión, que puede surgir de la representación de nuestra diversidad. Los libros de Blommaert contienen pistas preciosas para acercarse a estos problemas en lo teórico, pero también en lo metodológico.

Utilizó aquel texto de su blog para repasar lo importante desde el punto de vista académico. Muchas de las personas que cita en esa entrada nos acompañan también a nosotr_s en nuestras clases: los propios Foucault y Goffman, pero también Givon, Bajtin, Bourdieu… Él dice solo arrepentirse de no haberlos estudiado más (a pesar de haberlo hecho con gran intensidad y vocación).

En contraste con la investigación, a Blommaert le disgustaban las dinámicas competitivas que han conquistado el ámbito académico. La locura por la “producción”, por destacar individualmente (en una misión, la del saber, que debería ser común), por copar las revistas y estar en todos los congresos… Todo ello le parecía “la forma más simple y elemental de anti-academia y anti-intelectualidad”. Creo que coincidimos con él la mayoría de los investigador_s aunque nos traicionemos estúpidamente a cada rato.

Las cosas que sí le parecían importantes las resumió en tres verbos: dar, educar e inspirar. En realidad, hablaba de ser generosos, no como un gesto heroico ni extraordinario, sino como uno coherente con una vida en la que recibimos tanto de los demás. Se trata de luchar contra la que quizás sea la “realidad alternativa” más exitosa: la de creernos independientes de los demás; ser capaces de completar nuestras vidas en soledad; ser merecedores de recibir sin dar. No es raro que a esos tres predicados le añadiera un cuarto: ser democrático.

Recomiendo a l_s estudiantes ávidos por conocer más sobre cómo se conjugan las lenguas con nuestras sociedades que sigan el consejo de Blommaert y estudien, lean, discutan… Sobre todo, que sean inspirados e inspiren. Aquella entrada que publicó Jan Blommaert el pasado 20 de abril, uno de aquellos lunes raros de confinamiento, es un brillante punto desde el que arrancar.

Jan Blommaert
Jan Blommaert
Manuel Alcántara-Plá
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